sábado, 26 de mayo de 2012

DOS VIDAS, DOS IDIOMAS, UNA PASIÓN


Carlos Fuentes y Nélida Piñón, recuerdos y homenajes:

http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2012/01/nelida-pinon-y-carlos-fuentes-cara-a-cara.html








viernes, 25 de mayo de 2012

UNMSM




San Marcos es como el Amazonas: lo más portentoso y lo más antiguo. Lo mejor del Perú.

Concentra a los jóvenes (y a quienes ya no lo son, en edad) más capaces del país.

Fundada en 1551 es, junto con la UNAM, la universidad más antigua de América.

Igual que los viajeros que navegan las aguas del gran río, más de 50 mil alumnos y
cientos de docentes dan, a diario, vida y continuidad a San Marcos.

Concurrida soledad. Desierto público. San Marcos acoge a todos, a todos ignora. A casi todos.



lunes, 21 de mayo de 2012

FELIPE, EL PINTOR DE CAJATAMBO







Felipe Coronado Jiménez nació en Cajatambo, (ignoro la fecha, pero no importa: ahora ya no tiene edad). Fue alumno  de la escuela primaria más antigua de la provincia, conocida más por su ubicación que por su número: La Torre N° 20001. Aun cuando no fuera alumno de la primera institución secundaria  creada en 1960 (un colegio  que lleva el nombre de un político y abogado nacido en un paraje de Gorgor) Felipe, con no menos aprensión que ilusión que otros jóvenes que partieron luego de la creación del colegio "Paulino Fuentes Castro"y la construcción de la carretera también se marchó.
Pues con el acceso vial motorizado terminó una época y comenzó otra. Se fueron los cajatambinos y con ellos se fue Cajatambo. Pero también, a partir de entonces, las hijas y los hijos de los comuneros de Tambo, Antay o Astobamba, sin dejar de serlo, se hicieron docentes, enfermeras, abogados, ingenieros, médicos, policías, empresarios, etc. De todos, el de Felipe Coronado -hijo de un comunero de Tambo- devino en el caso más insular y singular al lograr vacante de ingreso en la ENBA
Cordial, metódico, apasionado, el paso de Felipe, sin duda relevante para su formación, por la Escuela Nacional de Bellas Artes, lo preparó para convertirse en artista plástico (el primero sino el único nacido en Cajatambo). Y lo fue. Pues acaso, más allá  de la lejanía estelar a las que confinan la fama y la gloria, Felipe prefirio y gozó ser un cajatambino igual que todos  aun cuando no lo fuera. Allí reside la  nobleza ejemplar de su vida. Más aún: Felipe nació y vivió para pintar las formas y los colores de Cajatambo.
La única vez que visité su taller (entonces ubicado en un segundo piso de la avenida Abancay) no tuve otra impresión que aquella  magnifica y conmovedora certeza: Felipe había transformado su reclamo cotidiano, su dulce agonía, en una forma de vida. En una diaria resurrección. No era solo añoranza, no era solo distancia, no: Felipe queria tanto a Cajatambo que de tanto reclamarla le brotaba a diario de las manos. (Y puesto que el pintor es el primer espectador de su obra lo imagino, más de una vez, solitario y feliz, estremecido de emoción al comparecer ante su propia creación).
Rayadas pulushas, almibarados ponchos, blancos sombreros con cintas negras, estrechas callecitas pedregosas, herrumbrosas calaminas, relumbrantes nevados, cielos despejados, pero sobre todo, sus inconfundibles usuarios. Todo, todo lo que yo también amaba y añoraba, estaba allí. Alineados uno tras otro la sucesión de óleos apilados con esmerado recaudo contenian no solo imágenes irrepetibles y entrañables sino, sobre todo, años de disciplinada y tenaz devoción creativa.
Al despedirme estreché su mano. Pero aquel gesto más  que una despedida fue en verdad un acto de reconocimiento. Un tributo para las manos prodigiosas que habían hecho posible lo que, hasta entonces, parecía un sueño: perennizar las formas y los colores de mi tierra. Transmutarlas en algo más perdurable que un recuerdo: en una obra de arte.
Pues, repito, la obra de Felipe se compone de un solo personaje: Cajatambo. Pero no es Cajatambo: es el Cajatambo que Felipe nos regaló. El Cajatambo que queda y nos espera.
No lo olvidemos: Felipe partió, su obra nos reclama.

jueves, 17 de mayo de 2012

CHINGANAS VIRTUALES

En el día del  Internet (17 de mayo) cabe tener en cuenta que no menos importante que su invento ha sido   que en el Perú surgió un modo especial promover su alcance masivo y popular: las cabinas virtuales. Suburbiales cantinas   que, sin distingo ni discriminación alguna,  ofrecen en horas sus prodigiosos hechizos sonoros y visuales.
Igual que el vasto e inconmensurable  mar  el Internet acoge a  todos para emprender una personal travesía que al mismo tiempo que una busqueda es una  revelación. Un espejo de lo que somos.

lunes, 14 de mayo de 2012

ASTOBAMBA QUE SE FUE, ASTOBAMBA QUE SE VA



Astobamba en 1945, intacta,
sin grieta ni carretera

El pueblo en donde nací, con tristeza lo digo, se está muriendo. Desde hace décadas una grieta que la atraviesa de extremo a extremo a ocasionado su paulatino hundimiento. Al colapso frecuente de la red de provisión de  agua potable y la fractura frecuente de las tuberías de aguas servidas se agrega el agrietamiento de las paredes y la destrucción de las viviendas. 

En su desesperación, los pobladores de Astobamba marcharon por las calles de Huacho para pedir a los funcionarios del gobierno regional de Lima  atención al riesgo que los amenaza para emprender urgentes medidas pertinentes. En su desesperación, e impotencia, por su parte, las autoridades han respondido acatando los pedidos -desesperados- de los cada vez más desesperados pobladores. Con el propósito de estabilizar el suelo (eufemismo técnico que supone sino derrotar cuando menos contrarrestar a la naturaleza) abriendo sanjas profundas. Para hacerlo posible se ha destinado hacer uso de una excavadora de 15 toneladas. Ocurre que solo las vibraciones de la maquina crearan un sacudimiento suficiente para terminar por agrietar y destruir las viviendas que aun se hallan en pie sobre el suelo tan deleznable e impredecible.

Además de la destrucción de la red de servicios básicos (que la municipalidad provincial debe preveer restituir) urge determinar (por parte de la municipalidad y el gobierno regional) la magnitud del problema que se enfrenta. De no ser así, se corre el riesgo de que las acciones herraticas a las que conduce la desesperaciòn precipite la destrucción de Astobamba. Y de ser así, muy a mi pesar, tener el ingrato privilegio de confirmar por experiencia propia que -tal como escribiera Julio Ramón Ribeyro- es verdad que también mueren los lugares en donde fuimos felices.

14 de mayo de 2012: Escribo este comentario luego de sostener, en compañía de Isabel Hijar (presidenta del Centro Regional Cajatambo) una reunión con la principal autoridad del gobierno regional, el gerente general, quien mortificado nos manifestó que la maquina estaba en camino y que ese no era el problema sino que, a la postre, aquel remedio resultase peor que la enfermedad.



17 de mayo:  Bajo  un  cielo gris  de otoño huachano y  alrededor de las palmeras  que  hornan la plaza principal Miguel Carlos, no menos  como alcalde que como paisano (que lo sera siempre)  me asegura que se han ubicado  los ductos subterraneos destruidos. Y que la solución  no es otra que repetir lo que hicieron los anónimos  y  sabios patriarcas para convertir una laguna en un pueblo:  drenar las aguas del subsuelo. 

20 de junio:  "Todo ha colapsado: el puentes, las casas. Es como si una bomba hubiera caído sobre Astobamba. Es horrible. Nada ha dado resultado" "¿Y lo trabajos que han hecho con las máquinas?" "Eso peor lo ha empeorado". Al escuchar a Nena, la entrañable profesora de la escuela de La Torre, pensé que exageraba. Con todo, esa noche me fue difícil dormir.  Al ver las fotos, por desgracia, compruebo que la pesadilla es real.




viernes, 11 de mayo de 2012

CARTA PARA ALONDRA

Mili y Alondra (2012)


"Alguna vez leeras estas palabras. Alguna vez, acaso, de este momento solo perduraran estas palabras y sabras que te pertenece un idioma, un país, un himno, una bandera, en fín, una historia...que tambien será tu historia...la historia de quienes te queremos...la historia de quienes nos quisieron...."



20/07/2002






Mili, antes de Alondra  (2002)





NOTA DEL AUTOR: Pequeñita, modosita, bella. En realidad bellisima. Recordarla es además entender que, tal cómo escuché decir a Juan Acha -el erudito crítico de arte-, los seres más importantes de nuestras vidas no son los más famosos ni poderosos sino simplemente los que más recordamos. Así, para mí, de todos los años que pasé en el Congreso, no son los brillantes parlamentarios (que los hay) que vi y traté, ni los discretos y notables asesores (que también los hay) con quienes alterné, los que más recuerdo, sino la presencia cálida y cordial, deslumbrante y rotunda de una secretaria. Mili: la más tierna, la más irreverente, la más elegante.


 

jueves, 10 de mayo de 2012

SALUD, CULTURA, AMOR


Aunque “Prosas apátridas” es un libro que nunca he dejado de leer, es también un libro que nunca dejaré de perder. Incluso uno de ellos, autografiado por el mismo Julio Ramón Ribeyro pasó a manos de uno de mis entrañables amigos -con ocasión de su cumpleaños- como testimonio de aprecio y admiración reciproca a nuestro común maestro.
Libro irónico y melancólico, “Prosas apátridas” es una obra de factura - por su forma y por su fondo- extraordinaria. Una sucesión de párrafos tiernos y deslumbrantes, breves y rotundos.
A continuación, de todos los párrafos que lo conforman tres para ustedes, mis anónimos y estimados, vistantes-lectores: 





 La vida se nos da y se nos quita, pero hay momentos en que la merecemos, quiero decir que depende de nosotros que continúe o que cese. Y esto lo digo al recordar aquella noche atroz en el hospital, en la cual lloraba desamparado sintiéndome perdido y sin ningún  socorro posible, pues hacía días que no dormía, mi cuerpo se evaporaba con la transpiración, tubos sondas salían por la nariz, la boca, el recto, la uretra, la vena, el tórax. Deseaba que me borraran todo y antes que nada mi propio sufrimiento. Una enfermera vino a protestar por mis gritos y destempladamente me hizo callar. Como los enfermos se vuelven niños, la obedecí y quedé flotando en el silencio nurno. De pronto vi por la ventana que comenzaba a amanecer y escen uché muy tenuemente el canto de los pájaros. Se acercaba la primavera. Sabía que en el hospital había un claustro arbolado e imaginé que las primeras hojas estaban por brotar. Y fue una hoja la que me retuvo. Quería verla. No podía morirme sin abandonar ese cuarto y retornar aunque fuera de paso a la  naturaleza. Ver esa hoja verde recortada contra el cielo. ¿Por qué absurdo raciocinio pensaba que mi vida dependía de ver esa hoja verde? Y me esforcé, resistí,  luché porque llegara el día y me permitieran contemplar por la ventana el patio. El médico lo autorizó al cabo de unos días. Me bajaron en camilla por el ascensor. Y al llegar al claustro vi los arboles implacablemente pelados, pero en la rama de uno de ellos había brotado una hoja. Pequeñísima, traslúcida, recortada contra el cielo, milagrosa hoja verde.


Bebiendo vino en este soleado pero fresco atardecer estival. Sin ganas ni contento, sólo para neutralizar una nueva onda de melancolía vesperal. Traté de limpiar la alfombra del dormitorio, pero a los diez minutos tiré el arpa, mejor dicho, la escobilla, la lengua afuera y el ánimo por los suelos. Puse mis discos de música barroca, pero ni Teleman, Purcell, Tartini, Marcello, Couperin,  me devolvieron el soplo vital. Reproduje una partida de ajedrez Karpov-Kortchonoi, descubriendo imperdonables errores en este último, que naturalmente perdió. Empecé a leer un artículo sobre informática, pero me di cuenta que no entendía nada y maldije a su autor en lugar de reconocer mi ignorancia. Di un salto a la cocina para ver que había que hacer por allí y frote con una esponja, desesperadamente, un pedazo de muro sucio, sin resultado apreciable. Tiré la esponja, esta vez sí literalmente. Le di una patada a mi gato y luego su comida, como justa compensación. Releí una carta y me apresté a contestarla, a lo que renuncié, pues no me sentía en forma epistolar. Miré por el balcón y vi en la Place Falguiere al eminente orientalista doctor Fernando Tola, pero evidentemente se trataba de cualquier huevón francés con anteojos y aire intelectual. Finalmente descorché un burdeos y gusté una copa que me supo bien. Me paseé fumando por mi bufete, sin saber qué hacer, me serví otra copa y recalé en mi escritorio para escribir esta página.


Se tiende a pensar que el dinero no nos puede dar felicidad, lo cual es cierto  y es falso. Cierto, en la medida que la felicidad absoluta no existe y nada en consecuencia, ni el dinero, podrá proporcionárnosla. Falso, pues el dinero nos soluciona todos esos innumerables problemas y contratiempos cotidianos y materiales que embargan a la humanidad  -lo cual ya es bastante-, nos permite realizar ciertos sueños, satisfacer ciertos caprichos y reducir realmente al mínimo lo que es realmente irrealizable. Si no nos hace totalmente felices, nos da al menos la posibilidad de pretenderlo y en gran parte lo consigue. Es por eso un error -y los ricos deben saberlo y fomentarlo- desdeñar el dinero. Paul Getty, que fue en un tiempo el hombre más rico del mundo, decía que había tres cosas que el dinero no podía conseguir: la salud, la cultura, el amor. Respuesta curiosa y que, examinada bien, resulta justa. La salud, puesto que, si uno está gravemente enfermo, no hay hospital, médico, tratamiento ni droga que lo cure; la cultura, pues ésta no se compra, sino se adquiere a través del esfuerzo personal, y el propio Getty  lo sabía, pues, a pesar de estar rodeado de cuadros y objetos de arte preciosos, no era un hombre culto; el amor, lo cual necesita comentario, pues el dinero puede adjudicarnos de por vida el cuerpo de una o cien mujeres, pero no su afecto ni su pasión. Pero, a pesar de ello, el dinero suaviza, disimula o compensa estas faltas: si no nos devuelve la salud, nos permite hacer menos dolorosa nuestra enfermedad, si no nos da la cultura, nos permite rodearnos de todos los signos exteriores de la cultura, si no nos da el amor, nos proporciona el placer de los sentidos y la simulación del afecto amoroso.   

martes, 8 de mayo de 2012

LA MÁS BONITA



Igual que un día asistí al concierto de Paco de Lucía, mi madre -siendo una muchacha- concurió al de Yma Sumac en Lima. De modo que por sus ojos la ví y por este video, a su vez, vuelvo al
prodigio de su voz.