lunes, 30 de septiembre de 2013

UNA FOTO, UN RECUERDO

Carlos Reyes Mispireta y familia en  San Miguel de Allende (México)

El domingo 29.9.2013 en Huacho, en el festival folclórico y gastronómico que organiza el distrito de Hualmay, me tocó presentar a Mario Barrenechea ante un público que en su mayoría desconoce la música de Cajatambo. Mario tocó "Cajatambina" y otras canciones más. Y en medió del sol radiante de la tarde fue precisamente una bella astobambina, Ruth Mandare Osorio, quien salió a mostrar y demostrar la gracia y cadencia del baile cajatambino. Los concurrentes aplaudieron tanto el canto como el baile. Al final, a través de su voz y de sus manos, Mario Barrenechea Camacho puso en evidencia (igual que Jeréz en España) porqué en Cajatambo se cultiva el más bello, intenso y vibrante canto del ande del Perú. La presencia de Mario, en el marco de VII Festival Gastronómico y Folclórico de Hualmay, fue la sorpresa que hizo posible el auspicio de la agencia de turismo Peru Qoya

Por ese motivo, con particular regocijo comparto la gratitud de tener ante mis ojos la foto de mi primo Carlos Reyes Mispireta -psicologo residente en Ciudad de México- y su familia. Ocurre que Carlos es hijo del hombre que legó a Cajatambo su canción más hermosa y emblemática: "Cajatambina". En esa bella foto, además de la esposa y la hija de Carlos, sonriendo sobre un hermoso piso de piedra de una calle de San Miguel de Allende, se encuentra junto a ellos la madre de mi primo, la bella huachana que conquistó el corazón y unió su vida al del autor de "Cajatambina": Teresa Mispireta. 

Pedro Reyes Barboza murió, pero "Cajatambina" vive y vivirá. Gracias al amor y devoción de Teresa y su familia, Pedro también. Pues en cada muchacha y muchacho que bailan felices aquella hermosa canción la alegría de Pedro y Teresa renace.



sábado, 28 de septiembre de 2013

DON PABLO


Jamás lo olvidaré. Al llegar a la cima rocosa del Huamancalle -que divide los distritos de Ambar y Gorgor-, detuve el caballo, (en realidad, se trataba de un hermosa yegua alazán que me había transportado hasta Cajatambo). Volvía a Lascamayo y fue allí, de regreso hacía Ambar, a casi cinco mil metros de altura, que la belleza de una flor silvestre rodeada de nieve detuvo mi marcha y capturó mi atención. Ante su presencia descabalgué para contemplarla. Entonces conmovido escribí sobre la nieve: "María, te amo". Enseguida volví sobre la montura y seguí mi camino, pero jamás olvidé el hallazgo remoto de aquella flor solitaria. Incluso, muchos años después, cuando pasaron otros veinte años más, cierto día escribí: "Tu nombre escrito en la nieve, arde todavía". 
María era -es- hija de don Pablo. 
En los relatos de la madre de mi madre, una historia que siempre recordé es la de un tronante invierno en que una tarde lluviosa -a poco de mudarse para Ambar- vieron aparecer corriendo y  clamando ayuda a un hombre joven que impotente había visto caer a su compañero de ruta a las raudas aguas del río grande. Mi abuela contaba (ya no lo hace) que el infortunado y el caballo murieron. El río lo mató y solo quedó su recuerdo trágico. El trágico recuerdo que acompañó para siempre la existencia del  amigo, y paisano, que lo contrató para arrear ganados: Pablo Urbano López.

Le decían "Cholo". "Cholo Urbano". Con el tiempo -hijo de una profesora de escuela y un ganadero- luego de salir del internado del colegio Guadalupe, se involucró en los quehaceres de su padre. Tanto que las mejores parcelas, la mayor cantidad de reses y la más extensa plantación de duraznos en el distrito de Ambar llegó a ser de su propiedad. De igual modo, no menos notorio y paradójico, fue su matrimonio con una desgarbada y parca profesora egresada de la PUCP -que le procuró la resignada paternidad de tres hijas y un hijo- y a la vez, al mismo tiempo, su absoluta incompetencia para los cotidianos quehaceres agrarios y ganaderos.

Con todo, la desgracia que marcó su vida y ensombreció sus logros y mandó a pique su desigual matrimonio fue la muerte prematura de su único hijo. En todo caso, -de haberme casado con la Chucra María-, me hubiese correspondido sino suplir cuando menos  mitigar aquella ausencia. Entusiasmo y voluntad no me faltaron. Muchas veces lo pensé, pero sucedió que después de 24 años de compartir las más fervientes noches y días con la mujer más bella y huraña que conocí, a diferencia de Pablo, desistí y me fuí. Así, ,aunque la quería la perdí.

Cuando don Pablo se enteró que no era casado, pero si padre de dos hijos, me trató con particular deferencia. Donde fuera que coincidieramos nos buscabamos para charlar y reír. De todas nuestras conversaciones, sin embargo, por la desgarradora lucidez de su confesión guardo especial recuerdo de sus palabras de lo que -en febrero de 2013-, aunque no lo parecía, se convertiría para mí  en sus últimas palabras: "Es jodido envejecer. Aceptar que no puedes hacer lo que estabas acostumbrado. Deprime, pero si te encierras es peor. Por eso yo salgo y cuando paseo y converso, disimulo y me alegro".

Cuando bordeaba medía centuria, en el afecto de Albina López, antigua alumna de su esposa, Pablo encontró la presencia cómplice y laboriosa que adhirió a su a su existencia para dedicarle el resto de sus tenaces y cautivantes 32 años. Albina se involucró tanto con Pablo que hasta sus propias hijas, Mabel y Mónica, lo fueron también para él. Gracias a él mismo. Pues, precisamente, rodeado de la presencia y del cuidado de ellas, víctima del cáncer que lo aquejó, Pablo murió el 27.8.2013. Partió asombrado y deslumbrado de haber descubierto que el amor no muere y que solo cambia de lugar. Ese el lugar que es en donde todo hombre o mujer aspira morar hasta terminar.

jueves, 26 de septiembre de 2013

ARCHIVO GRÁFICO DE CAJATAMBO

Antiguo templo y mercado de Cajatambo

"El viejo subió las gradas de piedra que conducían como un túnel a lo alto de la torre. Había que apoyarse en las paredes e ir adelantando las piernas, buscando con cuidado los ruinosos escalones en la oscuridad. Solo el sacristán y su hijo podían subir y bajar a la carrera por el desigual y lúgubre túnel que conducía en la cima, sobre la gran luz de la plaza".
Cuando leí aquellas palabras (primer párrafo de "Todas las sangres") lo recuerdo bien, tenía catorce años y cursaba tercero de medía en el colegio "Luis Fabio Xammar" (Huacho). Don Inocencio Fuentes Rivera, mi profesor y paisano, me indicó leer solo el primer capítulo pero al descubrir aquel párrafo no paré hasta terminar con las mas de seiscientas páginas de la novela. Sucede que en las palabras escritas por José María Arguedas al mismo tiempo que leía, literalmente, veía la torre de mis recuerdos de infancia en Cajatambo.
Después de más treinta años, del mismo modo que cuando leí a Arguedas, con no menor emoción he comparecido ante el impacto y la emoción de volver a ver aquella torre en una esplendida foto a color. Y por si fuera poco, la vuelvo a ver justo cuando asumo el encargo constituir la memoria gráfica de mi tierra.
De manera que, dicho lo dicho, a través de la presente quiero exhortar e invocar a todos los poseedores de fotos antiguas de Cajatambo a sumarse al empeño de recuperar su historia por medio de las imágenes familiares que las perennizan.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

MAYCHO SAYCHOPISH CAHUAYARGA MANARACHI

Cajatambo al atardecer

Un pueblo en el que existen nombres, y hombres, que se llamen Sócrates, Pericles, Aristóteles, Ulises, Aquiles y mujeres que se llamen Ninfa, Penélope, Tamia, Dunia, Alina no es en definitiva cualquier pueblo. Y que ese pueblo se encuentre localizado a 3, 200 metros de altura y a una distancia de 356 km de Lima, la urbe capital del Perú, no hace sino acrecentar su valer. Y ni que decir, si además, se trata de una de las provincias más antiguas del estado peruano. Sin embargo, todo eso y mucho mas es Cajatambo; la provincia que nació con la República.
Huancos en Palacio de Gobierno
En virtud a aquel status de prelación histórica Cajatambo fue motivo de un homenaje especial el 13.7.2013 en Palacio de Gobierno. Aquel día en los pasos de “Los Huancos”, su hermosa y vistosa danza guerrera, Cajatambo se hizo presente no solo en el patio de Palacio  sino también      - vía canal 7- ante los ojos y oídos de millones de peruanos. Por designios del destino, que nos da una historia y un lugar para amar, recordar y honrar, asumí aquel día el encargo de presentar, y representar, a mi tierra.
Un poema anónimo quechua que habla de milenarios guerreros y un párrafo de las memorias del marino ingles William Bennet Stevenson me sirvieron para decir lo que tuve que decir. Al final, fue la representante de la alcaldesa de Lima, quien celebro el uso de los textos. Tanto, incluso, que, amable y generosa, se retiró no sin antes expresarme su gratitud. Entonces, al escucharla, con no menos emoción que a mi madre evoqué la memoria de José María Arguedas.
Astobamba
Y es que aun cuando nací en Cajatambo, de los 50 años que tengo en el 2013, apenas un par de ellos los pasé en Cajatambo. Pues el resto de mi existencia ha tenido como escenarios vitales dos ciudades: Huacho y Lima. Por si fuera poco, cuando regresé a Cajatambo a los 20 -a caballo desde Ambar- ignoraba que Cajatambo fuese el reino de las guitarras y las mandolinas en el Perú. Y ni qué decir (quien lo diría) de la manera de bailarlo. Sin embargo, apenas al llegar, al escuchar la música cajatambina, lloré de emoción.
El tiempo ha pasado y casi sin proponérmelo, pese ha no haber desfallecido de amor por algún inolvidable amor adolescente camino al colegio Paulino Fuentes Castro, siento que el mejor regalo que le debo a la vida es el haber nacido en Cajatambo. Pero acaso, por eso mismo, al decirlo con actos, al constatar las prioridades que rigen sus vidas, no haya regocijo más supremo de descubrir que ser cajatambina o cajatambino antes que nacer es un modo de ser. Un culto tan impensado y extremo que, entre otras cosas, hace claro y visible saber lo que es eso; eso que tantas veces se dice y pocas se entiende: cultura.
Palla 2013
Aunque, del mismo modo que las dos terceras partes de la población nacional, las familias cajatambinas se hayan mudado a las urbes litorales o más allá de los confines patrios, las cajatambinas y los cajatambinos -al igual que en el caso del célebre poema de Constantino Cavafis, en la interpretación de Vargas Llosa- no hay día de su existencia en que, en todo cuanto emprendan, que no comporte un tributo a Cajatambo.  Un reconocimiento no a lo que se puede ver y cuantificar sino aquello que les permitió descubrir o lograr. A todo lo que de nada se hizo todo. A lo que con fe, convicción y tesón, con absoluta propiedad, constituye la cultura cajatambina.
Por esa razón (que excede a la misma razón), cada año, al menos por una semana o más Cajatambo recibe el más reverente y apasionado homenaje de sus hijas y sus hijos: la presencia que da vida a remotos y melodiosos cantos en quechua, al sabor de comidas rituales que conjuran el devenir de todos lo tiempos y de todos los caminos, al contrapunto vibrante de guitarras y mandolinas que aun conservan el fuego sonoro de lejanas y melodiosas soleas, fandangos y bulerías.
Domingo Quinteros, Capitán de la Tarde 2014
Ocurre pues que Cajatambo, del mismo modo que el país mismo, es un pueblo cuyo futuro está en su pasado. Y por eso mismo, nacer en Cajatambo o descender de él, es, ante todo, y después de todo, un modo de vivir y también de morir. Pues hasta para eso, para irnos a nuestra manera, las cajatambinas y cajatambinos tenemos nuestros ritos y nuestro canto.
Campanario, templo y mercado antiguos de Cajatambo
Por esas cosas gratas que hace posible la ubicuidad virtual esta mañana, cuando me disponía a corregir los textos de la compilación (también virtual) que lleva el título de “Cajatambo, en la historia y en la memoria” http://cashatampu.blogspot.com/(que pronto será un libro editado y presentado por el Congreso de la República), al ver las imágenes insertas en el blog de José Victorio Roque http://pressunitedcajatambo.blogspot.com/2013/09/domingo-garcia-quinteros.html sobre la reunión convocada por el Capitán de la Tarde Taurina del último día de Julio de 2014, Domingo García Quinteros, se me ocurrió -antes de emprender la solitaria faena de escribir y reescribir la historia de mi pueblo- yaparle un comentario que acaso a alguien importe.      








martes, 17 de septiembre de 2013

LLUVIA DE ROSAS



Regresé a Astobamba cuando volvían también las nubes. Otra vez. Vi muchas nubes pasar, pero a ella no la vi. Ella que fue siempre mi vecina de toda la vida y que siempre eché de menos. Ella, cuyas moldeadas y robustas extremidades miré y admiré en ausencia y presencia. Ella, cuya magnifica existencia mitigaba la extenuante soledad de las calles de mi infancia.
Cuando menos lo esperé, sin embargo, risueña y radiante, apareció igual que siempre. Igual que las nubes. "He visto unas rosas en el cementerio que necesito para mi jardín", me dijo. Pero no  vino solo a decirme que iba en procura de aquellas raras, y hermosas, rosas, sino también para pedirme que fuera con ella a buscarlas.
Sin decir absolutamente nada la seguí. Jamás fui a un cementerio con tanta alegría. Enfundada en un apretado jean azul la miraba abrirse paso entre la seca maleza que cubría las tumbas. Al llegar, la tarde de pronto oscureció ensombrecida por nubes repentinas. Alzamos la vista y preocupados por la lluvia inminente no encontramos nada mejor que los nichos sin ocupar. "¿Allí?", pregunté. "Sí".
Nunca jamás deseé tanto que lloviera. Que lloviera incluso a cantaros. Pero, sobre todo, nunca jamás, entre lluvias y rosas, imaginé que yo viera tanta vida en medio de tanta muerte.

viernes, 13 de septiembre de 2013

CONVERSACIÓN EN LA BIBLIOTECA


                                                                  

                                                                          Para Liz, luz de mi vida




https://www.youtube.com/watch?v=ZviCEU83_JA
"Es preferible quemar un libro en lugar de falsearlo"                     Claudio Magris

"La democracia atrae poco a los mejores y mucho a los mediocres"
    Mario  Vargas Llosa





En rebelión contra las inapelables y rutinarias urgencias de cada día salgo a la autopista y miro con indiferencia los transportes públicos que van, y vuelven, sin cesar, de Huaura hacía Huacho, y al revés. Es decir: hastiado de la misma cojudez de cada día. No carajo, me digo a mi mismo, este día estoy parado a la vera del camino en la plazuela de Cruza Blanca porque me conduce el firme propósito de llegar al auditorio de la Biblioteca Nacional en donde, a las seis de la tarde, tendrá lugar la conversación entre los dos escritores y pensadores mas notables de Europa Central y América del Sur: Claudio Magris y Mario Vargas Llosa. Sin duda, siempre lo digo, esa es una de las gratas ventajas de habitar una ciudad próxima -en poco menos de tres horas- a la urbe principal del Perú. Sin mas equipaje que aquel rectángulo plastificado que acredita mi identidad guardado en el bolsillo de mi camisa abordo un confortable bus que se aproxima de Chimbote hacía Lima. Entonces, en verdad, mas que sentado tumbado igual que en una cama, me refocilo de gusto mirando los arenales, seguro de llegar a tiempo.

Dicho y hecho: ingreso al auditorio cuando resonaban los aplausos que celebran la aparición de las dos celebridades que esa noche prometían, sin exageración, un verdadero faenón verbal. Entonces, apremiado por las circunstancias, me precipito escalones abajo   -no sin antes canjear mi dni por el aparatito de traducción- hasta el extremo izquierdo donde un público elegante y patriarcal, en el que predominan testas calvas y canas mezclabas con rubias cabelleras pigmentadas. De todos modos, a pesar de no ser ya mozo sino solo apenas canoso, no tuve ningún inconveniente para hallar cómodo y cordial cobijo entre las butacas rojas. Sentado a unos pasos de los consagrados interlocutores, considerando los 150 km de recorrido que preceden mi presencia, me di por satisfecho y como no podía ser de otro modo me dispuse ser todo oídos. Como quiera que sea, aun cuando me encontraba allí para ver y oír lo que bien podría -luego- leer y hasta ver y oír (y hasta evocar) a través de la red, no menor interés me producía saber quienes comparecían aquella noche, lo mismo que yo, ante aquel espectacular contrapunto de pareceres y puntos de vista, y hasta de idiomas.
Pues tan importante como tener al frente y escuchar a los renombrados expositores era para mí hallarme bajo el mismo espacio y con el mismo propósito con Alfredo Barrenechea, el más talentoso politólogo y periodista de mi país. Amén de advertir la concurrencia de otras estimables presencias. Sin embargo, lo imprevisto sucedió al final de la conversación, cuando las rubias otoñales bellezas que me rodeaban se levantaron para reunirse con Patricia Llosa, la elegante y delicada prima consorte de don Mario. 
Y puesto que me hallaba allí para ser testigo no solo de la performance intelectual de los expositores sino también de la connotación social de aquella presentación, permanecí sentado y consolado, observando, complacido y divertido, y a la vez convencido, del acierto saludable de estar allí. Seguro de comprobar que lo provinciano mas que un designio geográfico es ante todo una actitud. La feliz y resignada miseria de confinarse a un estricto límite territorial y espiritual.

Harto se dice y se repite que no hay mejor forma para conocer a un escritor que leyendo lo que escriben antes que tomándose una foto con él. En mi caso, en mi oscura y luminosa  adolescencia, a los 14 años comienza mi historia de lector de Vargas Llosa. Y resulta más memorable esta evocación cuando recuerdo las manos esperanzadas de mi madre, alcanzándome, entre víveres del pan de cada día, "La ciudad y los perros". Se trataba, nada menos, de la edición legendaria -después lo sabría- de Seix Barral. Un libro que, literalmente, precisamente por acción intangible de la mente, hizo que aquel tercer año de medía en el colegio Luis Fabio Xammar de 1977 fuera para mí un año deslumbrante y determinante. 
Por eso cuando veo aparecer entre las butacas y la roja alfombra del auditorio, flanqueado por reporteros y entusiastas concurrentes, al escritor para dirigirse hasta el grupo que rodea a su esposa (el grupo con el que compartí el diálogo), en la presencia de aquel hombre elegante de plateada cabellera antes que a la celebridad siento que estoy ante la encarnación de una singular actitud. Una actitud que comienza por la decencia de atreverse a ser igual a lo que se admira.
Sin embargo, no deja de sorprender -por mencionar tres hombres que son ahora tres nombres inmortales- que para Homero, Dante y Cervantes no hubieran acuciosos periodistas, concurridas conferencias, consagrados premios, sino solo páginas impresas y sus usuarios; es decir, lectores. Lectores que, en definitiva, son el mejor premio para cualquier autor, en este y todos los tiempos.
Consciente del privilegio de haber asistido al diálogo entre el intelectual más célebre de la historia del Perú y uno de los más renombrados pensadores europeos, me acompaña la certeza de que la del 9 de diciembre de 2009, será recordada como extraordinaria coincidencia y a la vez como una perdurable contienda. Una coincidencia en la pasión por entender y una contienda en la urgencia de decir.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

SETIEMBRE MORTAL


Morir no implica ningún peligro. La muerte no mata. No necesita hacerlo. El tiempo, su imaginario e inasible proveedor, tampoco. La muerte es solo una inexorable evidencia. Una artera puñalada a la memoria. Un recuento sin cuento. Un adiós sin la mano que se agita. La muerte es el olvido.
Por eso, para que la muerte muera, debemos recordar. Volver presente lo ausente. Desterrar el espanto de tanto en tanto. Hacer de lo funesto sin asco confín vasto. Pues la historia se hace también con la memoria. Y por eso acaso, no exista experiencia mas grata que tener algo que decir cuando el tiempo pasa y todo se vuelve nada.
Lo real -se dice- solo existe cuando se dice. Por tanto, al margen de pasajeros despojos, el confín verdadero de la vida mora en la palabra. En la palabra enamorada de la vida. De la muerte que se hace memoria. Vida.
El 11 de setiembre 1973 era aun un niño de diez años cuya mirada pasó de contemplar al apu San Cristobal al cerro Montero. Pero también el cautivador hechizo de una caja de vagas imágenes bicolores que contenían los más inimaginables encantos y espantos del mundo. Y es que del mismo modo recuerdo tener en mis manos un extinto periódico que anunciaba el final de la guerra de Vietnam, con no menos certeza recuerdo un informe en blanco y negro sobre los desastres criminales perpetrados en La Moneda, sede del gobierno de Chile. Jamás olvidé aquel fragmentario recuerdo.
Pues nunca como en aquel día sabríamos, para recordarlo cada año que pasa, que el verdadero peligro de vivir reside en el peligro de matar.
Cuentan que al presidente Allende le previnieron de las intenciones golpistas de aquel militar de visibles mediocridad y rango encumbrado. Cuentan que risueño y elocuente, contestó el valiente presidente: "Ese pobre hombre no engaña ni a su mujer".
El 11 de setiembre de 2001, lo recuerdo bien, me hallaba en el Hemiciclo principal del Congreso de la República. Justo para aquel día, durante la mañana, se había programado dar a conocer el informe de la comisión que presidía la congresista que había requerido de mis servicios. Una vez dado a conocer la magnitud del desastre pero no su causa, era mi deber, me puse a pensar en lo que debía responder la señora que para tales fines me había contratado. Entonces se me ocurrió decir: "Si el sistema de seguridad mas seguro y sofisticado del mundo ha sido vulnerado, quiere decir que el mundo enfrenta una amenaza jamás conocida".
El obtuso dictador y el bárbaro barbudo yacen muertos. Mas muertos que sus víctimas. Mejor dicho: condenados a ser leña en la hoguera de la memoria. Salvador Allende en cambio, cada día más, vive, habla y hasta canta.




martes, 10 de septiembre de 2013

MISTURA CAJATAMBINA





En el corazón 
del descollante 
distrito de Los Olivos, 
el domingo 8.9.2013 
se realizó el festival 
gastronómico 
de comida cajatambina 
que patrocina la señora 
Mercedes Armas 
de Requejo. 
Con el propósito de promocionar, además de las ofertas culinarias y bebibles, el ingreso a la Cordillera Huayhuash, Ulises Requejo, coordinador de la feria, cursó invitación a la agencia de turismo Peru Qoya 
De los cerca a dos millares de personas concurrentes a degustar los diversos sabores y sonidos de la provincia de Cajatambo, la mayor parte de los presentes fueron jóvenes, y tal y conforme lo previmos, eran ellos los mas interesados en conocer las propuestas de PQ  www.peruqoya.com para acceder a las mas hermosas montañas y lagunas de América del Sur que cada año, entre los meses de mayo a setiembre, recibe mas de cuatro mil visitantes venidos de los mas diversos confines del planeta.
A diferencia del Mistura de APEGA, ingresar al Mistura de Cajatambo no exigía hacer fila ni abonar pago alguno. Basta con tener curiosidad, buen apetito y algo de dinero. Pero lo mas importante no es solo que allí era posible probar sazones y preparaciones culinarias que aun los marketeros sabuesos de la Asociación Peruana de Gastronomía ignoran. Un plato de cuye con ají amarillo y otro al que incluso es impropio aludir de esa manera, puesto que simplemente nos remite al comienzo del comienzo; a un tiempo anterior al del invento mismo de la cerámica: un mate de Pari.
Con todo, la dicha suprema no era solo comer escuchando añorados sonidos sino que aquel día en el local de la urbanización Villa Norte nadie podía dejar de estrechar una mano o recibir un abrazo. Nadie, repito, podía sentirse -a diferencia de Mistura- un grano anónimo del desierto.
Dicen que el Che Guevara decía que la nostalgia comienza por el estomago. Sea como fuere, aquel día no hacía falta ser el Che para descubrirlo.

http://feriacajatambina.blogspot.com/2013/09/reportaje-fotografico-feria-2013.html

martes, 3 de septiembre de 2013

HISTORIA DE UNA FOTO

Entre el pueblo de Utcas (comunidad campesina productora del maíz mas dulce del país) y la ciudad de Cajatambo (provincia ganadera y glaciar que enorgullece al Perú) existe una distancia de 6 km. En el trayecto, sea por la carretera o por el antiguo camino de herradura, se aprecia el Huacshash (el glaciar solitario que anuncia que Cajatambo es una provincia de montañas), de manera que recorrer aquella ruta es siempre un privilegio de la vista. Pero -en mi caso- nunca lo fue más que cuando (por esas cosas que tiene la vida y la ubicuidad virtual) tuve ante mis ojos esta foto. Ver al Huacshash, siempre grato de ver, y en primer plano, una hermosa presencia de evidentes, y eminentes, rasgos andinos extremó mi nostalgia. Pero encontrar en la imágen, nada menos, que a Lizbet Susanibar me condujo simplemente a un nivel de fascinación. Quedé perplejo. Literalmente, sentí un nock out emocional. Pues, en ese momento tuve la absoluta certeza de que ninguna mujer podía atraerme más, ni jamás. Entonces decidí conquistar las montañas sabiendo que de ese modo alcanzaría acaso -por mediación generosa de los Apus- lo que en las calles de Huacho me estaba vedado: su mirada y su atención. La mirada de su corazón.