martes, 8 de mayo de 2012

LA MÁS BONITA



Igual que un día asistí al concierto de Paco de Lucía, mi madre -siendo una muchacha- concurió al de Yma Sumac en Lima. De modo que por sus ojos la ví y por este video, a su vez, vuelvo al
prodigio de su voz.


viernes, 20 de abril de 2012

CELEBRACIÓN


 

El 11 de enero de 1996 nació  Suzetty Santamaría Quinteros en la ciudad en donde, asegura una difundida creencia nacional, nacen las mujeres más bellas del Perú: Chiclayo.
Una década y media después, el 11 de enero de 2011, el día exacto de su nacimiento con sus radiantes quince años a cuestas Suzetty se encuentra en Cajatambo.
Contra lo esperado y acostumbrado Suzetty aquel día memorable no baila ni celebra sino simplemente, paso a paso,  camina por las calles de Cajatambo. Sin fiesta ni banquete, su cumpleaños se limita a unos cuantos inevitables saludos. 
Rara muchacha sin duda que renuncia por petición expresa a todo aquello que desvive a las jovencitas de su edad en el momento estelar en que, se dice, las niñas comienzan a ser mujeres.
Ocurre sin embargo que también Suzetty espero con no menos ilusión y entusiasmo cumplir años y protagonizar la irrepetible parafernalia que la consagra. Lo que no previó jamás es que unos meses antes, un fatídico 9 de agosto de 2010 José, el hermano de su madre, su padrino, falleciera en un violento accidente en Huacho.
Desde entonces no existe día ni noche en que los acordes de las guitarras y las mandolinas no le recuerden a Suzetty que José, su tío preferido, esta presente.
Tan presente que nadie compite con Suzetty en el acopio de grabaciones que preservan las  interpretaciones de José y de igual modo las publicaciones que guardan su recuerdo. 
Acaso, por eso mismo, el homenaje más conmovedor que José Quinteros Pérez -el tenaz constructor de puentes y caminos que fue al mismo tiempo inspirado mandolinista de ritmos embriagantes- haya merecido provenga no de un discurso, ni aun de una semblanza impresa, sino simplemente de los pasos de aquella hermosa jovencita que pidió a su madre recorrer en silencio las calles de Cajatambo el día de su cumpleaños para juntar sus pasos con los de aquel tío inolvidable que le regaló su cariño y el encanto de su canto.

José con sus hijos. (La vista corresponde
a la construcción de un puente en Ambar).


jueves, 19 de abril de 2012

MARCELA



Entre nubes y barro
junto al río
aparece Marcela
a pesar del tiempo
que nos pasa
y nos pesa
me reconoce de inmediato
del mismo modo
constato en sus arrugas
las garras del tiempo

Me dice que se dirige
a Pumataquin
que María tiene cosecha
y le falta gente
conmovido
y a la vez complacido
de verla y oírla
no le digo nada
solo la veo irse sola
cargada de años

Al otro día
en una ladera
 vuelta parcela
a 700 m sobre la base
del cerro
vuelvo a ver a Marcela
sudorosa desbrozando
la húmeda tierra
para coger sus frutos

La miro y la vuelvo a mirar
pues su presencia
me emociona
por eso hablamos
mejor dicho la escucho
recordar otras cosechas
con otras gentes
que de algún modo soy yo:
mis abuelos

Era entonces
 una mujer
ágil y robusta
siempre presurosa
siempre hacendosa
Penelope errante
Chamorra
antes que Marcela
tejedora inolvidable

Entre las nubes
que vienen y se van
su presencia brumosa
me enternece más todavía
pues no es para menos:
las cosechas pasan
y los cosechadores 
de igual modo
vienen y se van.


miércoles, 15 de febrero de 2012

MARÍA ELENA MOYANO



Nunca la conocí. Jamás estreche su mano ni oí su voz. Sin embargo, entre mis austeros recuerdos, conservo una fotografía en la que se la ve elegante y sonriente rodeada de cooperantes europeos y dirigentes de la Federación Popular de Mujeres de Villa El Salvador. Aquella foto, ¡cómo olvidarlo!, fue un preciado regalo en retribución a mi fervor por la vida y la lucha de María Elena Moyano, la más destacada heroína civil del siglo XX en el Perú, con que me premió una de sus más cercanas colaboradoras una tarde inolvidable. Y aun cuando el escenario de aquel encuentro no fuera más que una anodina oficina del Congreso de la República ningún recuerdo me conmueve tanto como evocar las palabras, y las lágrimas, francas y emotivas, de aquella sencilla mujer; cuyo nombre, incluso, he olvidado. (Pero reconozco por el regocijo de sus brazos victoriosos).
El 15 de febrero de 1992, en pleno fragor del verano, al final del día, una horda brutal de 15 criminales, en presencia de sus pequeños hijos, incursionó en una reunión vecinal para perpetrar el brutal asesinato que puso fin a la  vida y a las luchas de María Elena Moyano. Enseguida, no conformes con su miserable vileza, colocaron una carga de explosivos sobre su cuerpo inerte y la dinamitaron. Lo que no sabían sus asesinos es que con aquel infame proceder se pusieron la soga al cuello. Mataron su propio porvenir. Pues a partir de entonces, literalmente, a los ojos de todo el mundo, Sendero Luminoso se fue a la mierda.
Pese al tiempo transcurrido lo único que  se sabe es que su atacante, quien disparó, fue una mujer, pero se ignora de quien se trata. (Refundida en el más despreciable de los anonimatos acaso, igual a tantos otros asolapados criminales, sobrevive a su propia muerte en vida). También se sabe que la noche del 14, por cautela, María Elena -entonces teniente alcalde de Villa El Salvador- pasó la noche en Lince. Después de desayunar en casa de su amiga (y ahora biógrafa) Diana Miloslavich el día 15 partió rumbo a su querido VES. Fue allí donde el siniestro peligro de matar, que venían fraguando sus asesinos, consumó su sangriento propósito.
Recuerdo que al despertar la mañana del 16 de febrero, abrigaba alentadores motivos: era domingo y Alejandra, mí ilusa musa de aquel verano, me esperaba para solazarnos en la sede de playa del club al que acababa de adherir. Y  fue así que, junto a una pulcra y suntuosa piscina, al desplegar el periódico apareció la caratula que nos devolvió el rostro cotidiano de aquellos días en que nos amamos en peligro. “¡Qué pena! ¡La mataron! ¡Miserables!”
Han pasado veinte años y no me parece ayer.



martes, 14 de febrero de 2012

LA LLAMA DOBLE



• El amor es una pasión que todos o casi todos veneran pero que pocos, muy pocos, viven realmente. No exagero: para los amantes el cuerpo piensa y el alma se toca, es palpable. El amor es un hechizo y la atracción que une a los amantes es un encantamiento: El amor nace de una decisión libre, es la aceptación voluntaria de una fatalidad.

 

• Para el amante el cuerpo deseado es alma; por esto habla con un lenguaje más allá del lenguaje pero es perfectamente comprensible, no con la razón, sino con el cuerpo, con la piel. Cada vez que el amante dice: te amo para siempre, a una figura efímera y cambiante, da atributos divinos: la inmortalidad y la inmutabilidad. La contradicción es en verdad trágica: la carne se corrompe, nuestros días están contados. No obstante, amamos. Y amamos con el cuerpo y con el alma, en cuerpo y alma.

 

• Somos juguetes del tiempo y de sus accidentes: la enfermedad y la vejez, que desfiguran el cuerpo y extravían el alma. Pero el amor es una de las respuestas que el hombre a inventado para mirar de frente a la muerte. Por el amor le robamos al tiempo que nos mata unas cuantas horas que transformamos a veces en paraíso y otras en infierno.

 

• En el amor todo es dos y todo tiende a ser uno. El ocaso de nuestra imagen del amor sería una catástrofe mayor que el derrumbe de nuestros sistemas económicos y políticos: sería el fin de nuestra civilización. O sea: de nuestra manera de sentir y vivir.


OCTAVIO PAZ (México)





viernes, 10 de febrero de 2012

MARTIR DE ONÁN

“Onán sabe cosas que ignora Don Juan” Octavio Paz


Ignoro su nombre (la radio lo omitió, solo mencionó el hecho), no así su edad (16) ni el recuento final (42) que lo condujo a la muerte un día de 2011 en algun lugar del Brasil.

Lo recuerdo porque incluso el siempre sagaz y correcto conductor matinal de RPP (Perú) no se libró de la sorpresa al dar cuenta del reporte: “Que noticia mas rara”.

En verdad no lo era, ni lo hubiera sido si el muchacho brasileño no hubiera muerto tan solo (en plàcida soledad) por hacer algo que todo el mundo, o casi todo, en el mundo, hombre o mujer, hace: correrse una paja.

Sucede que aunque masturbarse parezca un ignominioso sustituto de la cópula, lo cierto es que agitar un falo erecto por cuenta propia no es menos respetable que refregarlo en la cavidad hospitalaria de una vagina (u otra vía).

Sin embargo, con cientos de cientos de mujeres  –literalmente- al alcance de su mano, el muchacho brasileño de Rubiataba no se conformó con verlas en la pantalla de su computador sino que, sin vergüenza ni descanso, les dedicó de manera frenética, compulsiva y , segùn las consecuencias, 42 ahorcadas, hasta morir. Hasta morir por placer. No de placer.


viernes, 3 de febrero de 2012

MOMENTOS


Existen dos vidas, decía LAS: aquella que nos es dado vivir y aquella otra que nos permite la memoria ajena. De manera que, aunque suene a muletilla necrológica, es verdad que morir no es perder la vida sino naufragar en el olvido. Naufragio del que, tarde o temprano, casi nadie se libra.
Más, habida cuenta, sí, como se asegura, que una de las cosas que más alienta y estimula la existencia humana es el reconocimiento prójimo, no deja de ser lamentable que quienes ostentan o alcanzan aquel raro privilegio, no puedan disfrutarlo. (Salvo excepciones: Mario Vargas Llosa, que, además de ser el nombre del célebre escritor es también nombre de auditorios, clubes, centros culturales y escuelas).
Acaso, por paradójico que resulte, lo grandioso de la existencia humana sea que a pesar de su brevedad y fragilidad, o por eso mismo, sea perdurable. Y lo sea precisamente porque esta hecha de memoria. Tanto que el frontis del local que guarda la memoria estadounidense, el NARA, luce una inscripción rotunda: “Porque el pasado es el futuro”. Que duda cabe: nada existe que no se haga pasado. Aun cuando no todo lo pasado merece ser recordado.
Pero lo cierto es que alcanzar un lugar en la memoria no se limita a los confines ni del éxito ni de la fortuna. Al respecto, antes que explicar prefiero evocar un episodio que lo explica por si solo. Ocurre que cierto día un par de muchachos salieron de Lima rumbo a Chaclacayo con un propósito memorable: conocer a José María Arguedas y expresarle su admiración. Al verlos aparecer el escritor decidió agasajarlos en un restaurante próximo a su casa. De pronto, cuando se desenvolvía la conversación en una clima de cordial regocijo, los muchachos advirtieron que la ventana comenzaba a llenarse de rostros que asomaban curiosos y expectantes. Entonces, emocionados y envanecidos, por un instante, a través de aquella ventana los muchachos creyeron entrever la mirada de la posteridad. Sin embrago, la ilusión duro muy poco, pues apenas abandono una de las mesas un hombre alto y desgarbado los eufóricos mirones también desaparecieron. Aquel hombre era un saxofonista argentino, muy de moda entonces.
Con todo, aunque parezca lo contrario, las digresiones precedentes no tienen otro propósito que ponderar el legado del médico Pedro Reyes Barboza. El médico que sera recordado no solo por la dedicación a su profesión y la gratitud que convoca su memoria por parte de quienes fueron sus pacientes, sino también por quienes año a año, celebración a celebración, nunca -aun sin saberlo- dejaran de agradecerle ser el autor de “Cajatambina”, la canción más conmovedora, representativa y preferida de Cajatambo.
Parece mentira, aunque para quienes lo quisieron existan muchos otros momentos, para la puntilloza posteridad solo existe el día en que Perico compuso la canción y el trágico minuto -no debió durar más- en que cayó el helicóptero para qué siga con nosotros sea en nuestros momentos mas alegres o al caminar por la calle que lo recuerda o ingresar al hospital que rinde homenaje a su sacrificio.
Para terminar, ¿quién era LAS? Era, es, Luis Alberto Sánchez, tres veces rector de San Marcos, autor de más de 100 libros, amigo de Haya, Mariategui y Vallejo, una de las figuras más vastas, prolijas, sutiles y fundamentales del siglo XX.