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martes, 5 de noviembre de 2013

MILENIO

Acaso debía su nombre al que sería su destino: mil dólares por servicio. Mil dólares por yegua empreñada.

                                                                                Para B.A.Y

Magnifico en apariencia y en temperamento, aquel caballo extraordinario no pudo tener mejor y más deseado destino que multiplicar sus atributos. Por eso mismo, cuando Jesús Márquez lo vió por primera vez quedó deslumbrado al mismo tiempo que perplejo. Nunca imaginó que lo hermoso costara tanto: sesenta mil dólares.
Sin embargo, igual que su padre, modesto y a la vez orgulloso, Jesús mostró y demostró que lo que podía faltarle en recursos le sobraba en pasión y convicción. Así ganó para sí, si no un descuento, algo mejor todavía: la simpatía del poseedor de aquel tesoro ecuestre. Y de esa manera encontró el camino que lo conduciría a convertirse en el feliz propietario de "Milenio".
El trato fue bastante elemental y puntual: Jesús se haría cargo del padrillo y de las yeguas en celo. Por su parte "Milenio" por cada yegua empreñada sería cada vez más de quien lo cuidaba y alimentaba.
Con todo, tan arduo, singular  y hasta envidiable trajinar, pronto hizo estragos visibles en la salud de "Milenio". Lo más notorio y lamentable fue la perdida repentina de estabilidad. Y puesto caballo que no anda ya no es caballo Jesús no puso reparos, con tal de devolver su brillo y su paso a su caballo, en convocar y contratar los servicios de experimentados y cotizados veterinarios. Tanto que hasta venidos de Chile y de Argentina los hubo en su establo de Puente Piedra. 
Fue así como "Milenio" volvió a andar para, luego de tanto trajinar, llegar a convertirse en el indiscutible engreído de la Asociación de Criadores y Propietarios de Caballos Peruanos de Paso de la Provincia de Cajatambo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

PALOMILLA


Jesús Márquez tenía doce años cuando Palomilla llegó a Cajatambo. Caracoleando con gran aspaviento sobre el pavimento cruzó la plaza colmada. Era 28 de Julio, día de fiestas patrias. Jesús entonces al ver a su padre cabalgando rumbo a casa el más codiciado caballo de la provincia, sin dudar un instante, abandonó el desfile y corrió tras el caballo y su jinete. Su alborozo no era para menos, pues donde habian fracasado otros, Pedro Márquez, comunero de Uramaza, había triunfado. Orgulloso miró a su hijo y le dijo: "Ya ves, te dije que lo iba a traer y aquí está". (El 29.7.2005, Jesús, al cerrar el desfile militar, con una marinera y su caballo frente al palco donde se encontraba el Presidente de la República con sus ministros, acaso debió revivir y recordar aquel inolvidable instante).
Su padre no terminó de hablar cuando Jesús y aquel fenomenal moro azulado, (llamado Palomilla por don Fermín, su inmediato dueño anterior) se hicieron uno solo. Resultaba evidente, claro y rotundo, que ningún regalo podía ser mas grato de ostentar. Ni ninguna posesión  mas difícil de no codiciar.
Apenas dos años duró la permanencia de Palomilla en Cajatambo. Un día, no por sombrío menos memorable, tan de pronto como llegó, Palomilla desapareció. Pasarían décadas, pues el tiempo que todo lo sabe aclaró el misterio, para que Jesús descubriera y supiera, con nombres y apellidos, la triste verdad de conocer la identidad de quienes le privaron de su primer y mas recordado caballo, pero no de su gloria.