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martes, 17 de septiembre de 2013

LLUVIA DE ROSAS



Regresé a Astobamba cuando volvían también las nubes. Otra vez. Vi muchas nubes pasar, pero a ella no la vi. Ella que fue siempre mi vecina de toda la vida y que siempre eché de menos. Ella, cuyas moldeadas y robustas extremidades miré y admiré en ausencia y presencia. Ella, cuya magnifica existencia mitigaba la extenuante soledad de las calles de mi infancia.
Cuando menos lo esperé, sin embargo, risueña y radiante, apareció igual que siempre. Igual que las nubes. "He visto unas rosas en el cementerio que necesito para mi jardín", me dijo. Pero no  vino solo a decirme que iba en procura de aquellas raras, y hermosas, rosas, sino también para pedirme que fuera con ella a buscarlas.
Sin decir absolutamente nada la seguí. Jamás fui a un cementerio con tanta alegría. Enfundada en un apretado jean azul la miraba abrirse paso entre la seca maleza que cubría las tumbas. Al llegar, la tarde de pronto oscureció ensombrecida por nubes repentinas. Alzamos la vista y preocupados por la lluvia inminente no encontramos nada mejor que los nichos sin ocupar. "¿Allí?", pregunté. "Sí".
Nunca jamás deseé tanto que lloviera. Que lloviera incluso a cantaros. Pero, sobre todo, nunca jamás, entre lluvias y rosas, imaginé que yo viera tanta vida en medio de tanta muerte.

jueves, 7 de febrero de 2013

CAJATAMBO: KAYNOJMI TUSHUNSI / ASÍ BAILAMOS

  
Mirtha Reyes Barboza, es hermana de Pedro, el culto y heroíco médico sanmarquino que fuera, es, y será, siempre, recordado autor de "Cajatambina". Basta  esta foto -tomada en una recepción familiar - para  evidenciar la categórica apostura y prestancia que distingue al huayno cajatambino.
 
Rosalía Hijar Luna, es profesora, reside en Astobamba y labora en la IE 20001, La Torre. Además de la docencia se dedica a la ganadería. Y como genuina cajatambina Nena, como en verdad más se la conoce,  es también una eximia huaylashadora.
Tanto, que un día cualquiera, en que vinieron a visitarla los muchachos (que ya van dejando de serlo) del  grupo Raices Cajatambinas, no dudo en enfundarse la pollera de bayeta que heredó de su abuela y de paso dejar está magnifica y espontanea demostración de como baila el huayno cajatambino.


Cierto día en una calle de Huacho coincidí con Yuri Ortega y su esposa Pinina. Los salude con la gratitud de haber compartido huaylashadas en las calles de Cajatambo. Por su parte, con el compromiso de ser los padrinos en los carnavales de 2013 me invitaron a concurrir. Les aseguré que allí estaría y esta evidencia audiovisual así lo prueba.  



Exactamente en el minuto 21:41 aparece, fugaz y deslumbrante. Se llama Gabriela, pero lo importante es verla y descubrir en ella la más cautivante gracia del carnaval cajatambino.

  

miércoles, 1 de febrero de 2012

TUSHUY





Rosalía Hijar Luna nació en Astobamba. Pero aunque se hizo profesora y madre de dos niñas, vive aun allí. En aquel pueblito de techos con calamina que luce al centro de su plaza un sombrero de concreto. Un pueblito al que todos, o casi todos, los que nacieron en ella quieren, pero, inexorablemente, abandonan.
Sin embargo, Rosalía -que también partió un día- despues de terminar la secundaria en Lima, pese a las promisorias perspectivas que podian retenerla, sin más, regresó. Regresó para quedarse. A partir de entonces su labor docente la llevó a permanecer en los diversos confines de Cajatambo, para ausentarse apenas durante las vacaciones escolares.
Mujer exuberante y de armas tomar Rosalía se nombra así solo en sus documentos, pues para el cariño de gente que la trata y aprecia a diario es, y será, siempre solo Nena. Nena, la Nena de Astobamba. La Nena cuya existencia transcurre entre la escuela 20001, la más antigua de Cajatambo, y las chacras de Malalín (heredada de sus padres).
Enérgica y delicada a la  vez, sencilla pero siempre elegante; emociona verla, conmueve recordarla.
Cierto día en Astobamba -mientras los menesteres domésticos del fin de semana la ocupaban- irrumpieron de pronto un grupo de músicos amigos. Venían, agradecidos, a recuperar una mandolina que daban por perdida. No sucedió así por la oportuna intervención de la dueña de casa. De aquella casa de patio empedrado y jardín florido. Fue así que Nena les dijo que no podían irse sin cantar ni tocar el instrumento salvado.
Fue entonces que, con no menos inspiración que decisión, retribuyó la consideración enfundándose una larga y negra pollera de bayeta (la  misma que vistiera su abuela), para dar paso enseguida a una muestra espontanea del más elegante huayno de todos cuanto existen en el Perú. Para corroborarlo se encontraba allí la diligente Margoth -su amiga más amiga- pues, gracias a ella (ó, mejor dicho, a su comunicador portátil) captó la escena, detuvo al tiempo.
Nena asegura no haberse visto. Que más da. Acaso ni haga falta, pues su gracia -gracias a Margoth- igual que el agua cristalina que corre rumorosa, pasando ha de quedar.
Para confirmarlo, hagan  un click aquí: