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viernes, 6 de enero de 2017

HAZAÑA EN EL ACONCAGUA



A mediados del siglo pasado tres hombres oriundos de la provincia mas antigua de la región Lima: Apolonio, Pedro y Guido Yanac, escribieron las paginas mas gloriosas del andinismo peruano y suramericano. Eran hermanos y eran de Cajatambo, pero su gloria pertenece al Perú.
"Los hermanos Yanac nos han dejado una gran herencia tanto como escaladores y como seres humanos. Nos han legado muchas cualidades que debe poseer un montañero y un ser humano: la perseverancia, la humildad, la responsabilidad, la puntualidad, la honradez. etc. son algunos de los rasgos que caracteriza a estos personajes.   A lo largo de mi carrera montañera he ido aplicando estas cualidades que ellos poseían. Y siempre me voy guiando y aprendiendo de las otras personas que me rodean día a día, pues  nunca deja uno de aprender y siempre hay un día para aprender.
Ellos al hacer montañismo en esos tiempos y con los materiales rudimentarios (visto desde el presente, ya que la alta tecnología ha mejorado los equipos de montaña)  lograron alcanzar su objetivo y quizás el gran sueño en ese tiempo,  vencieron al frío y a las malos tempestades del clima. Debió ser increíble!!   Creo que hoy sería una tortura para muchos.  Eso amerita mi admiración absoluta por estos caballeros cajatambinos que se lucieron coronando Huascarán  el pico más alto de Perú y el Aconcagua el techo de América.  Los admiro!!" Flor Cuenca, primera montañista peruana en ascender al Himalaya sin balones de oxigeno.




Después de participar en la primera expedición peruana que alcanzó la cima del Huascarán -la montaña tropical más alta del mundo- el 4.8.1953, los hermanos Yanac iniciaron el ascenso de las principales cumbres de la Cordillera Blanca y de la Cordillera Huayhuash. Así nació el andinismo en el Perú.
Reconocidos y aclamados, a mediados del primer mes de 1956, comparecieron ante el director y propietario del diario La Prensa, Pedro Beltran Espantoso, quien les propuso patrocinar e ascenso al Aconcagua, la montaña más alta del continente americano, localizado en la frontera de Chile y Argentina.
Asumido el reto, se iniciaron los preparativos de rigor con el acopio de información pertinente y la determinación de batir el récord impuesto por una expedición chilena (cuarenta horas entre el ascenso y el retorno).
Cumplida la fecha programada, apenas venidos de Huaraz, el día 4 de febrero volaron de Lima hacia Tacna vía la empresa peruana de aviación Faucett. Después de ser vitoreados por la población en el estadio de la Ciudad Heroica, el 8 cruzan la frontera y arriban a Santiago de Chile. Enseguida, al día siguiente, vía ferrocarril se dirigen hacia Mendoza.
El 13 desde Puerto del Inca (Argentina), acogidos y agasajados por el destacamento alta montaña del Ejército, se dirigen al campamento base. Entre sus magros equipos, resalta una ausencia notoria: balones de oxigeno. A los argentinos aquella prescindencia les parece un acto casi suicida.
La madrugada del 14 (Día del Amor y la Amistad) inician el ascenso desafiando la amenaza de las morrenas y la constante presencia de los precipicios. Forman el grupo, además de los Yanac, Teobaldo Sierra y Segundo Villanueva. Asimismo, permanece en las instalaciones del destacamento el reportero Marcelo Diaz Muñiz, destacado por La Prensa.
En trece horas inmersos entre la roca y la nieve, aquel primer día alcanzaron los 5,900 metros del altura. Sin embargo, los rigores de ese primer logro impone el repliegue de Teobaldo y Segundo debido al extremo agotamiento que los agobia.
El 16, día decisivo, despiertan a las 4 am para emprender el ultimo tramo, de más de un kilómetro de ascensión que los separa de la cumbre del Aconcagua. El grupo se divide: tres hacia la cima (con lo indispensable) y dos de regreso (con los equipos).
Avistados por lo miembros del destacamento militar a las 8 am alcanzan los 6,500 metros de altitud; es entonces cuando comienza la hazaña. En el testimonio de Apolonio -líder del grupo- que su hijo Nabor redactó (y cuya copia obra en mi poder) se lee: "Sus piernas se agarrotaban, sus pulmones jadeaban y la palpitación de sus corazones golpeaban con fuerza sus pechos. La cumbre estaba próxima, a escasos metros, cerca a sus ojos, pero distante a sus posibilidades; para vencerla, comenzaron a arrastrarse y jalarse. Entonces Guido lanzó una arenga: '!Vencemos o morimos!' Apolonio contestó: '!Nuestra misión patriótica es superar el récord de los chilenos!"
Pese a las limitaciones de contar con equipos rudimentarios y carecer de botellas de oxigeno, a la una en punto de la tarde, se logró esta gloriosa (pero casi desconocida) hazaña de la historia del montañismo peruano.
"Llegaron a la cumbre, se abrazaron y lanzaron un viva al Perú, después comenzaron a observar toda la inmensidad del horizonte de la República de Argentina y de Chile, girando en redondo. Luego buscaron el cofre que existe en el lugar, al encontrarlo en un cuaderno registraron su procedencia y estamparon sus firmas. Para recuerdo dejaron un banderín del Perú y cogieron un par de banderines de otras expediciones. Solo permanecieron quince minutos".
A la cinco de la tarde ingresaron a Puerto del Inca siendo recibido con vivas al Perú por los militares argentinos. Así, con cuatro horas de diferencia, quedó establecido el récord peruano de aquel día histórico: 16.2.1956
Contra lo previsto, de retorno, en medio de los agasajos argentinos, en la ciudad de Mendoza se encuentran con la ingrata y paradójica circunstancia de que Pedro Beltran, el director de La Prensa, se hallaba preso en la isla de El Frontón y el diario a su cargo -que debía dar cuenta y promoción de la hazaña- clausurado. Motivo por el cual -salvo algunas fotos- no existen reportes periodísticos, ni crónicas consagratorias.
Con todo, pese al tiempo transcurrido (o por eso mismo), teniendo en consideración los cada vez más notorios logros del andinismo en el mundo, resulta oportuno compartir el testimonio de sus históricos protagonistas, que -en este caso, por doble razón, en mi condición de descendiente y montañero- siento como un ineludible deber compartir.

martes, 30 de agosto de 2016

LOS CONQUISTADORES DEL HUACSHASH


Hermanos Robles Atachagua, Narciso y Saturnino y familia. Los primeros y únicos peruanos (mas exactamente: astobambinos) que ascendieron al nevado Huacshash el 3.8.1958. Dos glorias vivas que merecen el recuerdo y reconocimiento de su pueblo.




 

lunes, 13 de julio de 2015

TRAS LOS PASOS DE LOS HERMANOS YANAC

Øyvind, Wilder y Marco, por todo lo alto a 40 grados bajo cero

El 5.7.2015 Øyvind Wesseltoft coronó la cima del Huascarán tal y como el 4.8.1953 lo hiciera Apolonio Yanac y sus hermanos, para orgullo de Cajatambo y del Perú.
En consecuencia, por eso mismo, ver las fotos del ascenso de Oyvind y del equipo que lo acompaño es también entrever el escenario y la proeza de los hermanos que se erigieron en los primeros peruanos en hollar la cima de la montaña tropical mas elevada del planeta.
El 5.7.2015 Øyvind y su equipo -totalmente peruano- alcanzó el pico sur del nevado Huascarán. La semana siguiente, el domingo 12, en un programa de radio narró pormenores del ascenso; en particular de las catorce fatigosas horas que les tomó el desplazamiento final.
En su evocación, el líder y fundador de Coex Amazon: www.coexamazon.com mencionó que en todo momento del ascenso tuvo presente la hazaña de los hermanos Yanac, quienes hace mas de sesenta años, el 4.8.1953, superando la notoria precariedad de elementos y la mayor magnitud del glaciar, fueron los primeros peruanos en coronar la cima mas alta de la Cordillera Blanca.
Fue así como a mediados del siglo pasado tres hombres oriundos de la provincia mas antigua de la región Lima, Apolonio, Pedro y Guido Yanac escribieron desde entonces las paginas mas gloriosas del andinismo peruano y suramericano. Eran hermanos y eran de Cajatambo, pero su gloria pertenece al Perú.
Apolonio murió el 2010 a los noventa años. Pedro, a su vez, el 16.6.2015 falleció a los 95 años en la ciudad de Huaraz. Por tal motivo, "Cajatambo, historia y canto" le rindió sentido y efusivo homenaje, pero ninguno mas preciso y oportuno que el testimonio del montañista noruego.
Y por eso mismo, para perennizar aquel tributo, nada mas perdurable y categórico  que ceder la palabra a la elocuencia de las imágenes:

Día 5.7.2015

Amanecer
Ascenso final
Grieta
Cruce
Avance
Grieta
Nube
Cumbre
Descenso
Equipo

Un domingo de fiesta en la Lima andina de fines del siglo XX,  en San Juan de Lurigancho -en un pedazo de Cajatambo que conforman cinco manzanas- conocí a Apolonio. Conversamos y nos emborrachamos de emoción y alegría, mientras "Los Negritos" danzaban haciendo sonar sus campanillas.
Pero verlo fue para mí la verdadera fiesta. Entonces yo era solo un estudiante en San Marcos que soñaba con escribir. Al verlo tan contento y animado, brindando con aquellos muchachos cajatambinos que eramos entonces, en un momento de la conversación, le pregunté, acaso para tener algo que contar alguna vez: "¿Usted que siente por Cajatambo?" "Todo lo que he hecho, -contestó- lo hice por Cajatambo y por eso también estoy acá". No dijo nada más. Mejor dicho, no pudo: sacó su pañuelo y lloró. Tampoco pregunté nada. Tampoco pude.
Luego que se repuso me dijo algo que jamás imaginé y que me colmó de gratitud: "No me digas don Apolonio, porque tu eres mi sobrino: eres nieto de mi prima". El tiempo ha pasado. Apolonio descansa en paz, pero el recuerdo de su gloria, y la de sus hermanos, vive.


Pedro, Apolonio y Guido Yanac en la cima del Huascarán (3.8.1954)

Apolonio Yanac y Fortunato Mautino

Aclamados