"A nombre de mi familia y de mi pueblo, Cajatambo, quiero rendir homenaje a una persona de la que tuve el privilegio de merecer las consideraciones mas afectuosas y de igual modo a la personalidad pública que, de manera inequívoca y por derecho propio, forma parte de la historia de su pueblo". Con estas palabras previas -apenas llegado de Huacho- el 11.5.2017 di lectura de este poema ante el cuerpo yaciente de quien fuera en 1985 la primera autoridad edil de la recién creada provincia de Oyón: Adelina Barletti de Vizurraga.
Hermosa sobre un hermoso caballo, quienes la vieron, no olvidan que era habitual verla cabalgar por las calles de la antigua villa minera de Oyón.
Venía de Arayco.
Arayco ganadero. Arayco pétreo. Arayco solar. Arayco, refugio insobornable de Adelina y Adolfo. Inolvidable Arayco.
El tiempo pasa, la vida termina, los recuerdos quedan, las palabras consuelan, pero nada de lo que te cuenten sobre caballos podrá ser tan hermoso como ver a Adelina volver de Arayco a Oyón.
La guitarra llegó de Europa. En barcos a vela vino de España. Se hizo criolla lo mismo que andina; ayacuchana, arequipeña, ancashina, pero no menos cajatambina.
Ruta de tránsito entre pueblos litorales y rugosos confines serranos y aun amazónicos, Cajatambo devino en encrucijada de viajeros y voces. Pueblo de acordes intensos y vibrantes. Guitarras, mandolinas, bandurrias, violines y arpas convergen en pasajeras moradas que consagran la marcha de su canto fugaz.
Sin embargo, es recién a mediados del siglo pasado cuando las canciones que se entonan en las serenatas al pie de los balcones y en las huaylashadas callejeras que toman otros rumbos. Cuando, reproducidos y difundidos en discos de carbón, comienzan a comercializarse lejos del pueblo que evocan. Se trata -conforme lo especifica los apuntes inéditos de Uberdino Salazar Cabanillas que obra en mis archivos- de grabaciones realizadas en la casa discográfica MAG en Lima. Interpretaciones que perennizan los acordes y voces del "Conjunto Cajatambino" dirigido por Teófilo Gonzáles Jiménez y Emiliano Reyes Gamarra. Grupo pionero y fundacional, integrado además por Aníbal Fuentes Rivera (guitarra), Víctor Gonzáles Castillo (guitarra), José del Carmen Gonzáles Pumajulca (guitarra) y Buenaventura Celada, con el violín.
Teófilo González Jiménez y Emiliano Reyes Gamarra, fueron músicos y también fueron hermanos. Entrañables gaugichas jaraneros, unidos por la vida y por una pasión común: la música. O simplemente, Latero y Chamucho, virtuosos ejecutantes de la mandolina y la guitarra. Protagonistas y forjadores del sonoro andar del canto cajatambino.
Precisamente, uno de sus principales y primigenios cultores, Teófilo Gonzáles Jiménez, fallece en Lima el 6 de octubre de 1970. Con su desaparición culmina la trayectoria vital de un hombre que fue dos hombres a la vez: el luchador social que dió surgimiento en 1915 al primer sindicato de trabajadores de Huacho y a la vez el inspirado autor de memorables composiciones. Por su parte, Emiliano Reyes Gamarra, alternó su dedicación a la música con las labores de secretario de la municipalidad provincial de Cajatambo.
A finales del siglo XIX, cuando Cajatambo pertenecía al departamento de Ancash, nace Teófilo Gonzáles Jiménez el 6 de febrero de 1890. Emiliano a su vez, huérfano de madre a poco de nacer, es adoptado por la madre del Teófilo. De esta manera, hermanados por la vida y por la música, pronto el silencio de las noches de aquel Cajatambo de techos de roja teja y oscuro ichu, se quebraría con los melodiosos acordes de la a de Latero y la guitarra de su hermano Chamucho.
En 1921, en casa de una tía conoce Teófilo a una joven proveniente de Oyón, Inés Castillo Médico, de la que queda prendado apenas verla. Motivado por aquel sentimiento emprende nuevas canciones y una nueva etapa en su vida: se casa con Inés y se establece en Cajatambo, después de retornar de un periplo que lo condujo a morar por temporadas en Huacho y en Lima.
En 1838, más que por voluntad propia, debido a una afección cardíaca se ve obligado a abandonar la tierra de sus amores. Al irse, parte con su familia y su hijo José del Carmen (fruto de su relación con Mauricia Pumajulca, hija de una familia comunera de Tambo).
Apenas llegado a Huacho, acaso para morigerar el ineludible desarraigo, forma el "Conjunto Cajatambino", integrado por Emilio Requejo (guitarra), Eladio Quinteros (guitarra), Hortencio Escobedo (arpa), en las cuerdas; Inés Castillo de Gonzáles, Cristanta Arredondo de Herbozo y Maura Altamirano, en las voces.
En 1950 Inés y Teófilo realizan su última y definitiva mudanza con destino a Lima.
Pero es en Huacho, futura capital regional, en donde por primera vez a través de las ondas de Radio Record que se propala la música de Cajatambo, vía el programa "La hora folclórica". Para la concreción de aquel hito mediático intervino, nada menos, uno de los artífices de la radiodifusión regional y nacional, que inicio su labor comunicacional en Huacho: Juan Ramírez Lazo. Asimismo fue él quien autorizó la emisión de un programa de música cajatambina y andina a cargo de quien fuera en sus tiempos mozos aguerrido líder anarquista en Huacho y músico de Cajatambo durante toda su existencia: Teófilo Gonzáles Jiménez. El virtuoso Latero que más canciones dedicó a la tierra en que nació y amó.
Emiliano Reyes junto con su hermano David en una reunión del Centro Juventud Cajatambo
(segunda fila, cuarto y quinto, de der. a izq.) 1965
A mediados de la segunda década del siglo pasado, en una primorosa callecita empedrada del centro urbano de Huacho, abrió sus puertas una peluquería. Una sencilla peluquería de barrio. Una peluquería, con todo, que no escapa incluso a la atención del mismo alcalde de la ciudad. Una peluquería que perdura en la posteridad. Una peluquería, la única, en donde rodaban cabellos y brotaban ideas. Una peluquería, en fin, con un lugar en la ciudad y otro en la historia.
Una peluquería a la que Juan C. Bákula, a la sazón alcalde de Huacho -conforme lo consigna el libro "Luchas sociales en el Perú. Huacho 1916-1917" de Filomeno Zubieta- menciona en agosto de 1916 en carta dirigida al Director de Gobierno poniendo particular énfasis en que "un grupo anarquista se ha establecido en la ciudad y fundado un centro de agitación proletaria que lleva el nombre de `Sindicato de Oficios Varios` y tiene su local en la calle Bolívar, en el establecimiento de peluquería de uno de sus principales afiliados o delegados del Comité Central de Lima".
Por su parte, el autor del libro mencionado precisa: "Todo indica que la labor proselitista ácrata se vió impulsada con la llegada en 1914 de don Teófilo Gonzáles, peluquero ligado a los anarcosindicalistas de Lima". Asimismo, agrega que "en contacto con el sastre Florentino Malásquez y el intelectual y educador popular don Aurelio C. Guerrero despliegan acciones que culminaran con la fundación del `Sindicato de Oficios Varios` primera organización de corte anarcosindicalista de Huacho que agrupó a los artesanos: peluqueros, sastres, etc. Este sindicato fundado en 1915 tuvo como primer secretario a don Teófilo Gonzáles".
En la recensión final que sumariza su trayectoria pondera además que Gonzáles "participó activamente en la organización de los jornaleros de La Campiña. Impulsó la conmemoración clasista del Día del Proletariado, 1 de Mayo. Uno de los impulsores y orientadores de la huelga de los jornaleros de 1916, intervino en las negociaciones iniciales hasta su encarcelamiento. Fue constantemente hostilizado por la gendarmería y los grupos de poder, los parroquianos que deseaban ocupar sus servicios corrían igual suerte".
En conclusión, a tenor de lo citado y documentado, se infiere y colige, que en absoluto resulta exagerado afirmar que el peluquero de la calle Bolívar, Teófilo González Jiménez (natural de Cajatambo) es el líder indiscutible del primer sindicato de la historia de Huacho y a la vez propulsor de la huelga de jornaleros que por primera vez en el Perú planteó el reconocimiento de la jornada de ocho horas de trabajo.
Empero, no menos innegable -a cien años de las épicas jornadas que promovió y lideró- es que, ni en Huacho ni en Cajatambo, se encuentre todavía una calle o plaza que lo recuerde. Sin embargo, que duda cabe, no menos inequívoco es, por eso mismo, el lugar preminente que merece en la historia de Huacho y de Cajatambo.
Cuando Cajatambo aun pertenecía al departamento de Ancash,
antes del final de la Primera Guerra Mundial,
vino al mundo Marcelina Rivera Porlles un 26 de abril de 1916.
Hija de Juan Fuentes Rivera, natural de Oyón, y Liboria Porlles,
natural de Cajatambo, la niña Machi se hizo adolescente,
madre y esposa -sucesivamente- en la tierra que la vió nacer.
Docente en sus inicios, pero ante todo mujer tenaz y audaz
se liberó de la rutina escolar
para, enseguida, regentar el restaurante
más concurrido de la ciudad y el hospedaje más acogedor.
De igual modo producir quesos y manjares,
cultivar hortalizas y tubérculos variados
y ofertar finos ponchos confeccionados con lana de vicuña.
Esposa abnegada, madre amorosa, comerciante rural exitosa;
sin embargo, por amor a su familia, muy a su pesar,
bajo el magnánimo mandato de velar por el porvenir de su prole,
un 13 de febrero de 1964 debió abandonar
el pueblo al que dio vida con su laborioso pundonor.
Sintió de seguro aquel día inexorable morir al partir,
pero acaso también comprendió que así es
y así tiene que ser la vida: una sucesión de vidas.
Una agonía. Una resignación. Y también una resurrección.
Partió con destino a Huacho, llevándose -que duda cabe- en su mente,
en su corazón y en sus manos a Cajatambo.
Cajatambo inolvidable. Inolvidable Cajatambo.
Eterno Cajatambo como el amor de Machi.
Al llegar la mañana un repentino retortijón la despertó a gritos. Era víspera del Día de la Mujer y era el cáncer en su face mas inexorable. "Ahora sí, prepárense", alcanzó a decirnos, resignada y serena. Enseguida pidió reposar en la cama de su mamá (entonces de 99 años). Tendida en posición fetal -como cuando era niñita- esperó la llegada de la ambulancia. En esa circunstancia, me arrodillé, besé su mano y le agradecí el privilegio de ser su hijo.
Durante el transcurso de la tarde, cuando ingresé a la sala de emergencia una técnica de enfermería lloraba mientras la cuidaba. Sus lágrimas me conmovieron. Cuando me dirigí al médico, me previno que el evento se produciría por la noche. Exactamente a las 9.45 del 7.3.2011 el corazón que mas intensamente había palpitado por mi desde que nací cesó de latir.
Siempre nos dijo que moriría por la misma causa que su padre. Al leer la partida de defunción de mi abuelo corroboré sus palabras: oncología gástrica.
Seis años después, la conmemoración de su partida me halla en Lascamayo (en el fundo que heredó de sus padres). Me acompañan su recuerdo y el último sombrero que usó (un warmi suku cajatambino de cinta negra). También los eucaliptos que sembró y el rumor del río que siempre oyó. En definitiva, hoy más que nunca, a pesar de la nostalgia (o acaso por eso mismo), bajo un sol radiante, descubro que la vida me alumbra y hasta me deslumbra.
Fundador de "La Cajatambina" (la marca mas representativa de derivado lácteo de la tierra que lo vió nacer).
Hijo de Apolonia Camacho y José del Carmen Reyes.
Sobrino de Apolonio, Guido y Pedro Yanac (los legendarios montañistas que conquistaron el Huascarán y el Aconcagua).
Rolando Reyes Camacho, mi padre, está en su día kanan junag.
Precisamente hoy 25 de abril. Letrado mes en que -como para rendir tributo a la tierra que nos enseño a amar- he tenido la grata emoción de revisar la versión preliminar del libro del cual soy coautor. Y que por si fuera poco, se trata de un libro dedicado a Cajatambo. Libro que será presentado mañana 26 en Huacho, en la sede del Centro Regional Cajatambo. Quienes tienen el generoso hábito de frecuentar mis textos no ignoran que soy un hombre que escribe para describir. Un hombre cautivado por las aventuras de la memoria y las montañas de su tierra: aquel encanto llamado Cordillera Huayhuash. Izco y Pumarinri, la ruta por donde por generaciones -al igual que mi padre- anduvieron los Reyes de Cajatambo, y, que duda cabe, seguirán andando.
Remoto pueblo de agricultores y pescadores, hoy boyante capital regional, Huacho conserva aun las piedras de su fundación (Bandurria) pero ha olvidado el idioma de sus constructores.
Por otra parte, en las gloriosas y trágicas jornadas de lucha social (que perennizaron los nombres de Irene Salvador y Manuela Chaflojo) en el siglo XX su principal propulsor fue un peluquero, no huachano, de la calle Bolivar.
Incluso el restaurante mas representativo de Huacho, ubicado en la campiña, lleva el nombre de un fundo que se encuentra en Cajatambo.
Y es que el antiguo idioma que hablaron los constructores de Bandurria, es el quechua que perdura en la voz y memoria del pueblo cajatambino. No menos significativo, aunque ninguna calle o plaza de Huacho lo recuerde, es saber que Teófilo Gonzales Jiménez, cajatambino residente en La Capital de la Hospitalidad, fue quien inspiró y orientó la rebelión de 1916-17
Finalmente, la celebración festiva mas vistosa y elegante que exhibe Huacho cada año durante las fiestas patrias se debe a la comunidad cajatambina, de manera tal que Huacho ha recuperado algo que alguna vez tuvo: una celebración que la una, la reúna y la represente.
Es ese el Huacho que el domingo 23.4.2017, en el marco de la reunión previa a la celebración de las fiestas patronales de la comunidad cajatambina, tuve la gratitud de compartir con Lizbet y Bianca Susanibar, dos mujeres hermosa y genuinamente huachanas, que degustaron sendos mates de Pari (compuesto por cinco tipos de carne) para luego, al acorde de guitarras y mandolinas, bailar jubilosas no pocas canciones entonadas en el mismo quechua que alguna vez se habló también en Huacho.