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| Antiguo templo y mercado de Cajatambo |
jueves, 26 de septiembre de 2013
miércoles, 25 de septiembre de 2013
MAYCHO SAYCHOPISH CAHUAYARGA MANARACHI
Un pueblo en el que existen nombres, y hombres, que se llamen Sócrates, Pericles, Aristóteles, Ulises, Aquiles y mujeres que se llamen Ninfa, Penélope, Tamia, Dunia, Alina no es en definitiva cualquier pueblo. Y que ese pueblo se encuentre localizado a 3, 200 metros de altura y a una distancia de 356 km de Lima, la urbe capital del Perú, no hace sino acrecentar su valer. Y ni que decir, si además, se trata de una de las provincias más antiguas del estado peruano. Sin embargo, todo eso y mucho mas es Cajatambo; la provincia que nació con la República.
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| Huancos en Palacio de Gobierno |
Un poema anónimo quechua que
habla de milenarios guerreros y un párrafo de las memorias del marino ingles
William Bennet Stevenson me sirvieron para decir lo que tuve que decir. Al
final, fue la representante de la alcaldesa de Lima, quien celebro el uso de
los textos. Tanto, incluso, que, amable y generosa, se retiró no sin antes
expresarme su gratitud. Entonces, al escucharla, con no menos emoción que a mi
madre evoqué la memoria de José María Arguedas.
| Astobamba |
El tiempo ha pasado y casi sin proponérmelo,
pese ha no haber desfallecido de amor por algún inolvidable amor adolescente camino
al colegio Paulino Fuentes Castro, siento que el mejor regalo que le debo a la
vida es el haber nacido en Cajatambo. Pero acaso, por eso mismo, al decirlo con
actos, al constatar las prioridades que rigen sus vidas, no haya regocijo más
supremo de descubrir que ser cajatambina o cajatambino antes que nacer es un
modo de ser. Un culto tan impensado y extremo que, entre otras cosas, hace
claro y visible saber lo que es eso; eso que tantas veces se dice y pocas se
entiende: cultura.
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| Palla 2013 |
Aunque, del mismo modo que las
dos terceras partes de la población nacional, las familias cajatambinas se
hayan mudado a las urbes litorales o más allá de los confines patrios, las
cajatambinas y los cajatambinos -al igual que en el caso del célebre poema de
Constantino Cavafis, en la interpretación de Vargas Llosa- no hay día de su
existencia en que, en todo cuanto emprendan, que no comporte un tributo a Cajatambo. Un reconocimiento no a lo que se puede ver y
cuantificar sino aquello que les permitió descubrir o lograr. A todo lo que de
nada se hizo todo. A lo que con fe, convicción y tesón, con absoluta propiedad,
constituye la cultura cajatambina.
Por esa razón (que excede a la
misma razón), cada año, al menos por una semana o más Cajatambo recibe el más
reverente y apasionado homenaje de sus hijas y sus hijos: la presencia que da
vida a remotos y melodiosos cantos en quechua, al sabor de comidas rituales que
conjuran el devenir de todos lo tiempos y de todos los caminos, al contrapunto
vibrante de guitarras y mandolinas que aun conservan el fuego sonoro de lejanas
y melodiosas soleas, fandangos y bulerías.
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| Domingo Quinteros, Capitán de la Tarde 2014 |
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| Campanario, templo y mercado antiguos de Cajatambo |
martes, 17 de septiembre de 2013
LLUVIA DE ROSAS
Regresé a Astobamba cuando volvían también las nubes. Otra vez. Vi muchas nubes pasar, pero a ella no la vi. Ella que fue siempre mi vecina de toda la vida y que siempre eché de menos. Ella, cuyas moldeadas y robustas extremidades miré y admiré en ausencia y presencia. Ella, cuya magnifica existencia mitigaba la extenuante soledad de las calles de mi infancia.
Cuando menos lo esperé, sin embargo, risueña y radiante, apareció igual que siempre. Igual que las nubes. "He visto unas rosas en el cementerio que necesito para mi jardín", me dijo. Pero no vino solo a decirme que iba en procura de aquellas raras, y hermosas, rosas, sino también para pedirme que fuera con ella a buscarlas.
Sin decir absolutamente nada la seguí. Jamás fui a un cementerio con tanta alegría. Enfundada en un apretado jean azul la miraba abrirse paso entre la seca maleza que cubría las tumbas. Al llegar, la tarde de pronto oscureció ensombrecida por nubes repentinas. Alzamos la vista y preocupados por la lluvia inminente no encontramos nada mejor que los nichos sin ocupar. "¿Allí?", pregunté. "Sí".
Nunca jamás deseé tanto que lloviera. Que lloviera incluso a cantaros. Pero, sobre todo, nunca jamás, entre lluvias y rosas, imaginé que yo viera tanta vida en medio de tanta muerte.
viernes, 13 de septiembre de 2013
CONVERSACIÓN EN LA BIBLIOTECA
Para Liz, luz de mi vida
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| https://www.youtube.com/watch?v=ZviCEU83_JA |
"La democracia atrae poco a los mejores y mucho a los mediocres"
Mario Vargas Llosa
En rebelión contra las inapelables y rutinarias urgencias de cada día salgo a la autopista y miro con indiferencia los transportes públicos que van, y vuelven, sin cesar, de Huaura hacía Huacho, y al revés. Es decir: hastiado de la misma cojudez de cada día. No carajo, me digo a mi mismo, este día estoy parado a la vera del camino en la plazuela de Cruza Blanca porque me conduce el firme propósito de llegar al auditorio de la Biblioteca Nacional en donde, a las seis de la tarde, tendrá lugar la conversación entre los dos escritores y pensadores mas notables de Europa Central y América del Sur: Claudio Magris y Mario Vargas Llosa. Sin duda, siempre lo digo, esa es una de las gratas ventajas de habitar una ciudad próxima -en poco menos de tres horas- a la urbe principal del Perú. Sin mas equipaje que aquel rectángulo plastificado que acredita mi identidad guardado en el bolsillo de mi camisa abordo un confortable bus que se aproxima de Chimbote hacía Lima. Entonces, en verdad, mas que sentado tumbado igual que en una cama, me refocilo de gusto mirando los arenales, seguro de llegar a tiempo.
Dicho y hecho: ingreso al auditorio cuando resonaban los aplausos que celebran la aparición de las dos celebridades que esa noche prometían, sin exageración, un verdadero faenón verbal. Entonces, apremiado por las circunstancias, me precipito escalones abajo -no sin antes canjear mi dni por el aparatito de traducción- hasta el extremo izquierdo donde un público elegante y patriarcal, en el que predominan testas calvas y canas mezclabas con rubias cabelleras pigmentadas. De todos modos, a pesar de no ser ya mozo sino solo apenas canoso, no tuve ningún inconveniente para hallar cómodo y cordial cobijo entre las butacas rojas. Sentado a unos pasos de los consagrados interlocutores, considerando los 150 km de recorrido que preceden mi presencia, me di por satisfecho y como no podía ser de otro modo me dispuse ser todo oídos. Como quiera que sea, aun cuando me encontraba allí para ver y oír lo que bien podría -luego- leer y hasta ver y oír (y hasta evocar) a través de la red, no menor interés me producía saber quienes comparecían aquella noche, lo mismo que yo, ante aquel espectacular contrapunto de pareceres y puntos de vista, y hasta de idiomas.
Pues tan importante como tener al frente y escuchar a los renombrados expositores era para mí hallarme bajo el mismo espacio y con el mismo propósito con Alfredo Barrenechea, el más talentoso politólogo y periodista de mi país. Amén de advertir la concurrencia de otras estimables presencias. Sin embargo, lo imprevisto sucedió al final de la conversación, cuando las rubias otoñales bellezas que me rodeaban se levantaron para reunirse con Patricia Llosa, la elegante y delicada prima consorte de don Mario.
Y puesto que me hallaba allí para ser testigo no solo de la performance intelectual de los expositores sino también de la connotación social de aquella presentación, permanecí sentado y consolado, observando, complacido y divertido, y a la vez convencido, del acierto saludable de estar allí. Seguro de comprobar que lo provinciano mas que un designio geográfico es ante todo una actitud. La feliz y resignada miseria de confinarse a un estricto límite territorial y espiritual.
Harto se dice y se repite que no hay mejor forma para conocer a un escritor que leyendo lo que escriben antes que tomándose una foto con él. En mi caso, en mi oscura y luminosa adolescencia, a los 14 años comienza mi historia de lector de Vargas Llosa. Y resulta más memorable esta evocación cuando recuerdo las manos esperanzadas de mi madre, alcanzándome, entre víveres del pan de cada día, "La ciudad y los perros". Se trataba, nada menos, de la edición legendaria -después lo sabría- de Seix Barral. Un libro que, literalmente, precisamente por acción intangible de la mente, hizo que aquel tercer año de medía en el colegio Luis Fabio Xammar de 1977 fuera para mí un año deslumbrante y determinante.
Por eso cuando veo aparecer entre las butacas y la roja alfombra del auditorio, flanqueado por reporteros y entusiastas concurrentes, al escritor para dirigirse hasta el grupo que rodea a su esposa (el grupo con el que compartí el diálogo), en la presencia de aquel hombre elegante de plateada cabellera antes que a la celebridad siento que estoy ante la encarnación de una singular actitud. Una actitud que comienza por la decencia de atreverse a ser igual a lo que se admira.
Sin embargo, no deja de sorprender -por mencionar tres hombres que son ahora tres nombres inmortales- que para Homero, Dante y Cervantes no hubieran acuciosos periodistas, concurridas conferencias, consagrados premios, sino solo páginas impresas y sus usuarios; es decir, lectores. Lectores que, en definitiva, son el mejor premio para cualquier autor, en este y todos los tiempos.
Consciente del privilegio de haber asistido al diálogo entre el intelectual más célebre de la historia del Perú y uno de los más renombrados pensadores europeos, me acompaña la certeza de que la del 9 de diciembre de 2009, será recordada como extraordinaria coincidencia y a la vez como una perdurable contienda. Una coincidencia en la pasión por entender y una contienda en la urgencia de decir.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
SETIEMBRE MORTAL
Morir no implica ningún peligro. La muerte no mata. No necesita hacerlo. El tiempo, su imaginario e inasible proveedor, tampoco. La muerte es solo una inexorable evidencia. Una artera puñalada a la memoria. Un recuento sin cuento. Un adiós sin la mano que se agita. La muerte es el olvido.
Por eso, para que la muerte muera, debemos recordar. Volver presente lo ausente. Desterrar el espanto de tanto en tanto. Hacer de lo funesto sin asco confín vasto. Pues la historia se hace también con la memoria. Y por eso acaso, no exista experiencia mas grata que tener algo que decir cuando el tiempo pasa y todo se vuelve nada.
Lo real -se dice- solo existe cuando se dice. Por tanto, al margen de pasajeros despojos, el confín verdadero de la vida mora en la palabra. En la palabra enamorada de la vida. De la muerte que se hace memoria. Vida.
El 11 de setiembre 1973 era aun un niño de diez años cuya mirada pasó de contemplar al apu San Cristobal al cerro Montero. Pero también el cautivador hechizo de una caja de vagas imágenes bicolores que contenían los más inimaginables encantos y espantos del mundo. Y es que del mismo modo recuerdo tener en mis manos un extinto periódico que anunciaba el final de la guerra de Vietnam, con no menos certeza recuerdo un informe en blanco y negro sobre los desastres criminales perpetrados en La Moneda, sede del gobierno de Chile. Jamás olvidé aquel fragmentario recuerdo.Pues nunca como en aquel día sabríamos, para recordarlo cada año que pasa, que el verdadero peligro de vivir reside en el peligro de matar.
Cuentan que al presidente Allende le previnieron de las intenciones golpistas de aquel militar de visibles mediocridad y rango encumbrado. Cuentan que risueño y elocuente, contestó el valiente presidente: "Ese pobre hombre no engaña ni a su mujer".
El 11 de setiembre de 2001, lo recuerdo bien, me hallaba en el Hemiciclo principal del Congreso de la República. Justo para aquel día, durante la mañana, se había programado dar a conocer el informe de la comisión que presidía la congresista que había requerido de mis servicios. Una vez dado a conocer la magnitud del desastre pero no su causa, era mi deber, me puse a pensar en lo que debía responder la señora que para tales fines me había contratado. Entonces se me ocurrió decir: "Si el sistema de seguridad mas seguro y sofisticado del mundo ha sido vulnerado, quiere decir que el mundo enfrenta una amenaza jamás conocida".
El obtuso dictador y el bárbaro barbudo yacen muertos. Mas muertos que sus víctimas. Mejor dicho: condenados a ser leña en la hoguera de la memoria. Salvador Allende en cambio, cada día más, vive, habla y hasta canta.
martes, 10 de septiembre de 2013
MISTURA CAJATAMBINA
En el corazón del descollante
distrito de Los Olivos,
el domingo 8.9.2013
se realizó el festival
gastronómico
de comida cajatambina
que patrocina la señora
Mercedes Armas
de Requejo.
Con el propósito de promocionar, además de las ofertas culinarias y bebibles, el ingreso a la Cordillera Huayhuash, Ulises Requejo, coordinador de la feria, cursó invitación a la agencia de turismo Peru Qoya
De los cerca a dos millares de personas concurrentes a degustar los diversos sabores y sonidos de la provincia de Cajatambo, la mayor parte de los presentes fueron jóvenes, y tal y conforme lo previmos, eran ellos los mas interesados en conocer las propuestas de PQ www.peruqoya.com para acceder a las mas hermosas montañas y lagunas de América del Sur que cada año, entre los meses de mayo a setiembre, recibe mas de cuatro mil visitantes venidos de los mas diversos confines del planeta.Con todo, la dicha suprema no era solo comer escuchando añorados sonidos sino que aquel día en el local de la urbanización Villa Norte nadie podía dejar de estrechar una mano o recibir un abrazo. Nadie, repito, podía sentirse -a diferencia de Mistura- un grano anónimo del desierto.
Dicen que el Che Guevara decía que la nostalgia comienza por el estomago. Sea como fuere, aquel día no hacía falta ser el Che para descubrirlo.
http://feriacajatambina.blogspot.com/2013/09/reportaje-fotografico-feria-2013.html
Etiquetas:
Cajatambo,
César Reyes Villanueva,
cordillera Huayhuash,
gastronomía regional,
Lizbet Susanibar,
Perú Qoya
martes, 3 de septiembre de 2013
HISTORIA DE UNA FOTO
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Entre
el pueblo de Utcas (comunidad campesina productora del maíz mas dulce del país)
y la ciudad de Cajatambo (provincia ganadera y glaciar que enorgullece al Perú)
existe una distancia de 6 km. En el trayecto, sea por la carretera o por el
antiguo camino de herradura, se aprecia el Huacshash (el glaciar solitario que
anuncia que Cajatambo es una provincia de montañas), de manera que recorrer
aquella ruta es siempre un privilegio de la vista. Pero -en mi caso- nunca lo
fue más que cuando (por esas cosas que tiene la vida y la ubicuidad virtual)
tuve ante mis ojos esta foto. Ver al Huacshash, siempre grato de ver, y en
primer plano, una hermosa presencia de evidentes, y eminentes, rasgos andinos
extremó mi nostalgia. Pero encontrar en la imágen, nada menos, que a Lizbet Susanibar me
condujo simplemente a un nivel de fascinación. Quedé perplejo. Literalmente,
sentí un nock out emocional. Pues, en ese momento tuve la absoluta certeza de
que ninguna mujer podía atraerme más, ni jamás. Entonces decidí conquistar las
montañas sabiendo que de ese modo alcanzaría acaso -por mediación generosa de los Apus-
lo que en las calles de Huacho me estaba vedado: su mirada y su atención. La
mirada de su corazón.
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