lunes, 16 de enero de 2017

ADIÓS CACHORRO


Siempre al frente: Luis Castañeda Castillo (1963-2017)











Una tarde de febrero de 2013, mientras recorría por la carretera el kilómetro que separa Astobamba de Cajatambo, justo antes de cruzar el puente de Shapil, escuché el sonido de un tambor. Enseguida pensé en Ambar y sus tinyas ganaderas. Era tarde de lluvia y carnavales.
Impulsado por mis recuerdos, sentí curiosidad por ver como era la costumbre de la marcación en Cajatambo.
Cuando asomé al corral, no fue poca sorpresa reconocer entre el grupo que chapoteaba y cantaba sobre el barro a mi primo Luis Castañeda Castillo (a quién sus amigos de toda la vida llamaron Cachorro).
Alumno del colegio "Paulino Fuentes Castro", policía y ganadero, Lucho fue un Cajatambino que optó por hacer empresa en la tierra que lo vió nacer. Fue así como a través de la asociación de ganaderos, de la que fuera socio fundador, Cajatambo vió el primer queso pasteurizado de su historia.
Emocionado por la coincidencia -y semejanza con los rodeos de mi infancia- abrazados con Lucho, recuerdo haber cantado, al compás de las guitarras y del tambor, mientras nos dirigíamos rumbo al pueblo por la carretera cubierta de charcos. Fue tanta mi emoción que hasta lloré por el solo gusto de estar allí y poder seguir siendo, más allá de la nostalgia y las ausencias, siempre cajatambino.
Durante las celebraciones de Corpus Cristi de 2016, Teófilo Reyes me dijo un día: "Primo, el Cachorro está en su santo, vamos a visitarlo". Cuando llegamos a su casa en Antay encontramos, nada menos, que a la orquesta del barrio de Tambo. Y allí estaban "Los super brillantes del Ande" y su contratante, Henry Gil Beteta, acompañando a Lucho Castañeda, a sus amigos y a su familia, en su día. Y como no podía ser de otra manera, ebrio de gratitud y afecto, Lucho brindó y bailó.
Un súbito y trágico accidente ocurrido el 14.1.2017 en Cajatambo ha puesto termino, a los 53 años, a la existencia de Lucho; el amable y risueño primo cuyo mayor logro de prosperidad fue la de ser feliz en Cajatambo. Y definitivamente que lo fue. Es ese nuestro consuelo, pero del mismo modo, el mayor de los pesares.



sábado, 14 de enero de 2017

POCO ANTES DE PARTIR


Mónica Pollera López


                                                                     A Mónica, in memoriam

Miro las fotos que compilaste para despedir 2016, las imágenes que elegiste junto a tus seres mas queridos: tu esposo, tu madre, tu padre, tu hermana, tus amigas y tus mascotas.
Leo el minucioso y afectuoso mensaje de gratitud para todos los que aparecen. Entonces, no me cabe ninguna duda: fue tu despedida.
Es decir: de algún modo sabias que te ibas.
Desde entonces, con tu repentina partida, todos los que te conocimos y te quisimos nos quedamos con algo de ti.
Algo que comienza a ser recién en definitiva nuestro sin ti.  
En mi caso, me quedo con una trémula sonrisa adolescente en Ambar un día de fiesta patronal.
De igual modo, otro día, con el grato trato con que me recibiste en la oficina de la ONG en la que trabajaste en Huacho.
Pero en especial, me emociona recordar en que  junto a tu madre una tarde de 2013 fueron las primeras en visitarme a poco de ser operado de dos hernias.
No menos regocijo me procura evocar la intensa ternura que te produjo  descubrir y conocer a Lizbet.   
Entonces, al ver tu alegría,  comprendí que mas que amistad era hermandad  lo que albergaban nuestros corazones
Y es por eso que, a pesar de la tristeza y del dolor, nada de lo que nos diste podrá morir.
Y puesto que a través del Facebook  no solo la vida sino también la muerte son diferentes -aunque sigan siendo lo mismo- escribo esta necesaria despedida para tu despedida.
Adiós Moyemi PL, te vas, te vas...sin retorno te vas, pero tu dulzura y tu bondad, nos acompañaran siempre. Pues si de verdad te quisimos, procuraremos ser como fuiste.

 https://www.facebook.com/MoyemiPL/posts/10210296943533309?pnref=story

Mónica y Albina. Hija y madre.

viernes, 13 de enero de 2017

UN LIBRO POR SEMANA


A los catorce años leí "La ciudad y los perros". Treinta años después, a la sombra de una frondosa y generosa ponciana, he leído "Cinco esquinas".
La primera novela de Mario Vargas Llosa llegó a mis manos en la bolsa del mercado que portaba mi madre, y la última, a través de Alfonso Núñez Gamarra, uno de los más acuciosos intelectuales que ostenta Huacho.
Ver reiterada una vieja y anacrónica adicción personal (leer), en estos tiempos de avasallante fascinación virtual, en un joven abogado no puede ser mas esperanzador. Ocurre que Alfonso, lo mismo que en mi caso a su edad (22), considera indigno vivir una semana más sin un libro más.
Aunque a decir verdad si bien "Cinco esquinas" es un libro grato de leer, se trata a todas luces de una obra menor de su autor. El veterano escritor que parece -acaso de manera deliberada- por momentos imitarse, ó, lo que es mas grave, repetirse así mismo.
Sin embargo, pese a aquel casi postrero traspié,  resulta inequívoco que Vargas Llosa es el mayor referente peruano de la cultura universal. Un maestro, aun para quienes sin haberlo leído, no ignoran su presencia y trascendencia.
De manera tal, que, digamos, cuando una muchacha se enamora (como es el caso de  Alezandra) de un muchacho cautivado por voraces lecturas, en realidad -sin saberlo- rinde el mejor de los homenajes a la cultura.
Por eso mismo, agradecidos, también nosotros, Lizbet y yo, a nuestra manera, cual personajes de sus libros, brindamos y celebramos (en un restaurante de 28 de Julio) los ochenta años de aquel escritor cuya obra llegó un día para alimentar mi espíritu en una canasta de junco milenariamente huachano.

 A MITAD DE CAMINO. Tuve reparos en ver y escuchar la entrevista adjunta (realizada cuando Vargas Llosa iba cumplir los cuarenta años).
Sin embargo, las palabras del autor de "Conversación en La Catedral" ("El libro mas ambicioso de todos los que he escrito"), disciplinado y constante, guardan todo lo que aun sin el Premio Nobel, ni cuatro décadas mas de continuidad, harían mas memorable su obra, ni mas actual su testimonio.

viernes, 6 de enero de 2017

HAZAÑA EN EL ACONCAGUA



A mediados del siglo pasado tres hombres oriundos de la provincia mas antigua de la región Lima: Apolonio, Pedro y Guido Yanac, escribieron las paginas mas gloriosas del andinismo peruano y suramericano. Eran hermanos y eran de Cajatambo, pero su gloria pertenece al Perú.
"Los hermanos Yanac nos han dejado una gran herencia tanto como escaladores y como seres humanos. Nos han legado muchas cualidades que debe poseer un montañero y un ser humano: la perseverancia, la humildad, la responsabilidad, la puntualidad, la honradez. etc. son algunos de los rasgos que caracteriza a estos personajes.   A lo largo de mi carrera montañera he ido aplicando estas cualidades que ellos poseían. Y siempre me voy guiando y aprendiendo de las otras personas que me rodean día a día, pues  nunca deja uno de aprender y siempre hay un día para aprender.
Ellos al hacer montañismo en esos tiempos y con los materiales rudimentarios (visto desde el presente, ya que la alta tecnología ha mejorado los equipos de montaña)  lograron alcanzar su objetivo y quizás el gran sueño en ese tiempo,  vencieron al frío y a las malos tempestades del clima. Debió ser increíble!!   Creo que hoy sería una tortura para muchos.  Eso amerita mi admiración absoluta por estos caballeros cajatambinos que se lucieron coronando Huascarán  el pico más alto de Perú y el Aconcagua el techo de América.  Los admiro!!" Flor Cuenca, primera montañista peruana en ascender al Himalaya sin balones de oxigeno.


Después de participar en la primera expedición peruana que alcanzó la cima del Huascarán -la montaña tropical más alta del mundo- el 4.8.1953, los hermanos Yanac iniciaron el ascenso de las principales cumbres de la Cordillera Blanca y de la Cordillera Huayhuash. Así nació el andinismo en el Perú. 
Reconocidos y aclamados, a mediados del primer mes de 1956, comparecieron ante el director y propietario del diario La Prensa, Pedro Beltran Espantoso, quien les propuso patrocinar al ascenso al Aconcagua, la montaña más alta del continente americano, localizado en la frontera de Chile y Argentina.
Asumido el reto, se iniciaron los preparativos de rigor con el acopio de información pertinente y la determinación de batir el récord impuesto por una expedición chilena (cuarenta horas entre el ascenso y el retorno).
Cumplida la fecha programada, apenas venidos de Huaraz, el día 4 de febrero volaron de Lima hacia Tacna vía la empresa peruana de aviación Faucett. Después de ser vitoreados por la población en el estadio de la Ciudad Heróica, el 8 cruzan la frontera y arriban a Santiago de Chile. Enseguida, al día siguiente, vía ferrocarril  se dirigen hacia Mendoza.
El 13 desde Puerto del Inca (Argentina), acogidos y agasajados por el destacamento alta montaña del Ejército, se dirigen al campamento base. Entre sus magros equipos, resalta una ausencia notoria: balones de oxigeno. A los argentinos aquella prescindencia les parece un acto casi suicida.
La madrugada del 14 (Día del Amor y la Amistad) inician el ascenso desafiando la amenaza de las morrenas y la constante presencia de los precipicios. Forman el grupo, además de los Yanac, Teobaldo Sierra y Segundo Villanueva. Asimismo, permanece en las instalaciones del destacamento el reportero Marcelo Diaz Muñiz, destacado por La Prensa.
En trece horas inmersos entre la roca y la nieve, aquel primer día alcanzaron los 5,900 metros del altura. Sin embargo, los rigores de ese primer logro supone el repliegue de Teobaldo y Segundo debido al extremo agotamiento que los agobia.
El 16, día decisivo, despiertan a las 4 am para emprender el ultimo tramo, de más de un  kilómetro de ascensión que los separa de la cumbre del Aconcagua. El grupo se divide: tres hacia la cima (con lo indispensable) y dos de regreso (con los equipos).
Avistados por lo miembros del destacamento militar a las 8 am alcanzan los 6,500 metros de altitud; es entonces cuando comienza la hazaña. En el testimonio que Apolonio -líder del grupo- dicto a su hijo Nabor (y cuya copia obra en mi poder) se lee: "Sus piernas se agarrotaban, sus pulmones jadeaban y la palpitación de sus corazones golpeaban con fuerza sus pechos. La cumbre estaba próxima, a escasos metros, cerca a sus ojos, pero distante a sus posibilidades; para vencerla, comenzaron a arrastrarse y jalarse. Entonces Guido lanzó una arenga: '!Vencemos o morimos!' Apolonio contestó: '!Nuestra misión patriótica es superar el récord de los chilenos!"
Pese a las limitaciones y al sacrificio, con equipos rudimentarios y sin botellas de oxigeno, a la una en punto de la tarde, se logró esta gloriosa (pero casi desconocida) hazaña de la historia del montañismo peruano.
"Llegaron a la cumbre, se abrazaron y lanzaron un viva al Perú, después comenzaron a observar toda la inmensidad del horizonte de la República de Argentina y de Chile, girando en redondo. Luego buscaron el cofre que existe en el lugar,  al encontrarlo en un cuaderno registraron su procedencia y estamparon sus firmas. Para recuerdo dejaron un banderín del Perú y cogieron un par de banderines de otras expediciones. Solo permanecieron quince minutos".
A la cinco de la tarde ingresaron a Puerto del Inca siendo recibido con vivas al Perú por los militares argentinos. Así, con  cuatro horas de diferencia, quedó establecido el récord peruano de aquel día histórico: 15.2.1956
Contra lo previsto, de retorno, en medio de los agasajos argentinos, en la ciudad de Mendoza se encuentran con la ingrata y paradójica circunstancia de que Pedro Beltran, el director de La Prensa, se encontraba preso en la isla de El Frontón y el diario -que debía dar cuenta y promoción de la hazaña- clausurado. Motivo por el cual -salvo algunas fotos- no existen reportes periodísticos, ni crónicas consagratorias.
Con todo, pese al tiempo transcurrido (o por eso mismo), dado notorios los logros del andinismo en el mundo, resulta oportuno compartir el testimonio de sus principales protagonistas, que -en este caso, por doble razón, en mi condición de descendiente y montañero- siento como un ineludible deber compartir.    
     

jueves, 29 de diciembre de 2016

SIN TETAS NO HAY PARAÍSO

Distintas insignias, un solo sentimiento


Desde hace días ronda mi memoria un episodio que no cesa de hacerme sonreír. Un recuerdo de mi época escolar.
Eso es lo bueno de envejecer: existir más colmado de historias que de años.
Sucede que habiendo terminado la primaria en la escuela de mi barrio, nada me hacía más ilusión que ser xammarino. Es decir alumno del colegio "Luis Fabio Xammar" de Huacho. El mismo que albergó a mi padre y no pocos tíos venidos de Cajatambo.
No recuerdo quién pero alguien me dijo que requería presentar certificado médico para ser matriculado. De manera que una mañana del verano de 1975 me dirigí al Hospital Regional. Hechos los trámites respectivos adonde primero comparecí fue en la sala de tomas radiográficas. Y puesto que dado mi entusiasmo había llegado primero, conmigo se inició la atención del día.

Una gordita amable y vozarrona me recibió enfundada por un mandil negro (que más parecía un peto). Hechas las tomas de rigor, cuando en la calma matinal de aquel verano me volvía a poner la camisa, sin apuro, escuché repentinas voces. Enseguida a la gorda hacer gala de su rango y mando: "¡Pónganse de espaldas a la pared!". Cuando abandoné el vestidor rumbo a la puerta de ingreso a la sala de Rayos X me encontré con la escena más inesperada que mis ojos vieran jamás: quince muchachitas de mi edad, premiando mi paso, con el torso completamente desnudo.
Por cierto, al verme aparecer pegaron un grito y se cruzaron de brazos. "¡Qué pasa!", tronó entonces otra vez la gorda. Por mi parte, feliz y agradecido, me fui con mi inocencia a cuestas.
Sin embargo, ese episodio marcó mi vida, pues así comenzó mi pasión por los libros y por la presencia mas paradisiaca que puebla este mundo de largas penas y breves días.





miércoles, 14 de diciembre de 2016

AMAR A HUACHO


Vista panorámica de la campiña de Huacho



"Así comencé allá", dice sonriendo mientras refriega la vajilla. Perseguido por Seguridad de Estado, debido a su participación en una refriega en contra de la intervención militar en el campús de la universidad de San Marcos, debió fugar. Le ofrecieron becas para estudiar en la URSS (era 1970) o en Cuba, pero terminó en un chifa de Miami. Enseguida se convirtió en empleado bancario para luego ser enrolado por la distribuidora de vajillas mas prestigiosa de los EEUU: Lifetime.
Pasó el tiempo y un día llegó a su casa el ex alcalde de Lima "el tío Alfonso". Caminando alrededor de la laguna del exclusivo condominio que habitaba quien fuera el rebelde sanmarquino de otros tiempos, Alfonso Barrantes Lingan, en tono énfatico y paternal, le dijo: "Tú eres el dirigente que la izquierda perdió".
No se equivocó ni exageró: Pacho fue tan competente vendedor (no de sueños) sino de productos que se retiró siendo el primer vicepresidente hispano de Lifetime.

A pesar de haber pasado solo algunos años de infancia y adolescencia en Huacho jamás dejó de sentirse huachano. Pero al mismo tiempo, solo y distante, -repite- jamás se sintió discriminado. Y por eso, de habitar una modesta vivienda en Pasaje Olaya regresó para construir la casa de campo mas original y sorprendente de la campiña de Huacho.
Y fue precisamente en esa morada campestre (que en rigor se trata de un parque privado con una casa al lado) recibió el 12.12. 2016 a los niños del cerro Nueva Esperanza que concurren a la escuelita de Pampa de Animas para celebrar y compartir regalos por Navidad. Toda la escuela, alumnos y profesores, colmaron de alborozo la casa de quien fuera también un niño pobre de Huacho. Un muchacho al que llamaron siempre, y siguen llamando, simplemente Pacho.
Pacho de Huacho. Pacho de Miami. "Viniste y cumpliste. Ahora puedes volverte tranquilo", le digo. "Si", responde con melancolía. Después de unos brindis a la luz de la luna nos despedimos. Se va Pacho, pero queda la casa (para solaz de sus familiares y amigos) en tributo a Huacho y a la nostalgia.
Good bye my friend

Desfile escolar. Huacho, mediados del siglo XX.

domingo, 11 de diciembre de 2016

TÍO ALCHI




                                                                                 In Memoriam

Alcibiades Salazar Villanueva, tío Alchi, ha partido el último mes de 2016.
Sobrino de mi abuelo y primo hermano de mi madre, fue en realidad un hijo para mi abuelo y un hermano para mi madre. 

Tanto que la casa del tío Alchí y la tía Toribia tenía una ventana que daba al patio empedrado de la casa en que transcurrió mi infancia en Astobamba.
El tío Alchi vivió de (y para) la ganadería y la agricultura. 

Como muchos salió de Cajatambo y como pocos regresó para quedarse.
Ha muerto en Lima, pero su vida y su recuerdo pertenece a Cajatambo.