sábado, 27 de mayo de 2017

CAPITANÍA DE LA TARDE

 


"Procesos y visitas de idolatrías. Cajatambo, siglo XVII", del antropólogo francés  Pierre Duviols, constituye, sin duda, el referente documental y bibliográfico fundamental de la historia pre republicana del antiguo partido (denominación colonial de provincia) de Cajatambo. 
Con casi un millar de páginas se trata de una compilación, rigurosa y profusa, de documentos coloniales redactados por religiosos cristianos; convertidos en guardianes y a la vez en peregrinos, encargados de promover y custodiar la conversión de mis remotos paisanos.
En ella, entre otras cosas, se prueba y se demuestra que pese al tiempo transcurrido, el legado incaico no solo perduraba a través de la vigencia predominante del quechua sino también en la fe de sus descendientes. Una practica  que hizo manifiesto aquel conflicto soterrado se reflejó en el hecho de que los finados enterrados -por imposición de los religiosos- en los alrededores de los templos del pueblo eran por la noches exhumados y desaparecidos por sus familiares, para trasladarlos a los machay (cuevas) de los cerros que rodean Cajatambo.
Con todo, pese a la tensión y reticencia, la cría de ganados ovinos y vacunos, se alternó con la cría de llamas y alpacas. Del mismo modo, la domesticación de caballos y burros contribuyó a consolidar la capacidad de transporte de autóctonos y forasteros. En igual forma, junto a la flauta y el tambor, se incorporó el bagaje sonoro del arpa y el violín, para expresar un mismo sentimiento. Así se forjó el Cajatambo andino y a la vez hispano.
Así también surgieron fiestas que al tiempo que conmemoraban a santas y santos cristianos no era menos cierto que implícitamente (expresado en quechua) rendían loa a sus nunca extintas creencias primigenias. Tanto que no es exagerado suponer que las hojas de coca resultan -aún en la actualidad- símbolos no menos reverentes que la hostia consagrada en las ceremonias religiosas cristianas. Incluso, no es especulativo decir, que un mate de Parí  (la comida emblemática del pueblo cajatambino, compuesta por ingredientes de origen tanto andino como hispano) más que un sabor contiene una esencia, que traduce un sentimiento y una fe. Por eso, en lo que no pasa de ser -a la vista-  una exótica comida servida en mate con una piedra candente al centro, para una cajatambina o un cajatambino constituye un exquisita y sensible manifestación sagrada.
De suerte que lo que para otros es una frugal ingestión se transmuta en un acto de culto y comunión. En un rito sagrado. En un tributo a una historia que sigue siempre presente.
Pueblo de ayllus, convertido en pueblo de molde urbano hispano por imposición virreinal (fines de siglo XVI) Cajatambo devino en el pueblo de María Magdalena. Así nació el Cajatambo comunero y ganadero. El Cajatambo agrícola y quechua, junto con el Cajatambo ecuestre y hispano. Ambos, sin embargo, unidos por una misma fe y un mismo sentimiento de gratitud a la tierra que los vió nacer. Un sentimiento que hasta tiene una precisa expresión ancestral: Taytansi mamansinoj markansi kuyansi (Como a nuestro padre o a nuetra madre se quiere a nuestra tierra).
De todas, sin embrago, sin desmedro de otras mas antiguas y oriundas,  ninguna resulta mas visible y representativa manifestación de la armoniosa convivencia de la herencia  andina y la herencia hispana en Cajatambo que la incorporación, en el siglo XX, de la fiesta taurina de la Capitanía de la Tarde.
 
Establecida a dupla durante las fiestas patronales, cada 30 y 31 del mes de Julio, se realizan las corridas de toros cuyos oferentes, previo ágape colectivo de Parí, son el Capitán (ó, en tiempos, más recientes) la Capitana de la Tarde.
Uno de los testimonios impresos mas acuciosos del origen de la Capitanía de la Tarde, es -en la bibliográfica raigal-  un pequeño libro titulado "Cajatambo, sus fiestas y costumbres", escrito, antes de partir hacia la Argentina y al más allá, por  Guillermo Rivera Huacho.
Angustiado acaso por ver que la ausencia se uniera con el olvido, durante su prolongada permanencia en Huacho, el odontólogo cajatambino decidió consignar sus recuerdos y  acoger otros en un texto que permitiera vislumbrar un tiempo pasado que, con toda razón, juzgó justo perennizar. Viajó a Cajatambo en busca de versiones que complementaran la suya, pero apenas al llegar -al ver la construcción del Centro Cívico- quedó impactado por la destrucción de la arquitectura de su nostalgia. A pesar de esos pesares, insuflado de orgullo y resignación, logró plasmar su propósito en un impreso que tiene la forma de un libro y contiene el apasionado rigor de un testamento. 
Según los testimonios orales de los patriarcas a los que recurrió el autor todos coinciden en que las corridas de toros se iniciaron a comienzos del siglo XX como una adición a las celebraciones comunales. Fueron los crianderos no comuneros los que en 1916 organizan la inaugural tarde taurina de los comisarios. Y puesto que todo ganadero que se precie de serlo es también un chalán (testimonio de Melecio Salazar) el ingreso del Comisario Mayor comenzó a caballo.
 
Pero la revelación más significativa de las pesquisas de Guillermo Rivera acontece cuando logra entrevistarse con el primer Capitán de la Tarde que incorporó la presencia de las Damas (que el autor llama Manolas) durante las fiestas patronales de 1937: Víctor Reyes Ballardo. Desde entonces, junto al sombrero ornado, la banda bordada y estandarte, la presencia de las Damas distingue y encarna la prestancia de las celebraciones taurinas del pueblo cajatambino en tributo de Santa María Magdalena.
Las protagonistas de aquella jornada pionera de innovación  y emoción festiva en Cajatambo fueron dos jóvenes, Agustina Quinteros Ballardo y Delia Barboza Fuentes Rivera, cuya gracia y belleza -más allá de sus ausencias- se prolonga año a año en cada celebración, con otros nombres y otros rostros. En cuanto a su origen y significado, fue un sacerdote español, de añeja estirpe sevillana y genuina pasión taurina (habitual concurrente de las celebraciones que organiza la comunidad cajatambina en Huacho), quién describió y definió de manera precisa la presencia de las Damas: "¡Pero hombre, si son las bailaoras del Flamenco!".  
Las fiestas taurinas de Cajatambo del siglo XXI son muy distintas a la del siglo XX. Pese a todo, existe algo absolutamente inalterable: el sabor incólume del Parí  junto con la prestancia coreográfica de la Capitanía de la Tarde. Tanto así que aún mas que la corrida propiamente lo identifica, caracteriza y distingue.
 

 
 
 

jueves, 25 de mayo de 2017

VEINTICINCO FAMILIAS


 
 
En años en que la población andina del Perú constituía el 65 por ciento de un país secularmente rural y quechuahablante, ocurrió en Cajatambo un episodio del que tuve referencia  por parte de mi memoriosa abuelita Digna. Un episodio de desarraigo, de desamparo y también de esperanza. Incluso para corroborar su versión sostuvo que su misma cuñada, esposa de su hermano mayor, era protagonista de aquella historia: "Ella es de Ututo". 
Por coincidencia, en la página cien del libro "Costumbres, cuentos y tradiciones de Cajatambo" de los esposos Matilde Reyes y Celso Ballardo comparezco ante la misma historia. Una historia que aun cuando es historia no merece ser ignorada ni olvidada, pues en definitiva no se trata de otra cosa que de una historia de amor. De amor a un pueblo.    
 
 
Allá por los años de 1930, la hacienda Ututo propiedad de don Francisco Minaya, ubicado dentro de la jurisdicción de la provincia de Oyón, cambió de propietario, el nuevo dueño hizo un despido masivo a la totalidad de su personal.
Esa gente al verse sin trabajo, en un comienzo, pensaron en emigrar a la costa, para acomodarse en alguna hacienda del valle de Huaura, pero por temor al paludismo desistieron de hacer esa aventura, después pensaron en salir hacia Cerro de Pasco a trabajar en los asientos mineros pero al encontrar algunos inconvenientes se desanimaron. Al final se resolvieron y optaron por trasladarse en masa a Cajatambo, tuvieron fe ciega de que ese lugar podría ser la tierra prometida donde les iba ir bien; y no se equivocaron, porque tenían buenas referencias de que en esa ciudad había una familia acaudalada de apellido Reyes, dueña de varias haciendas que podría recibirlos como personal en cualquiera de ellas. Con esa seguridad, en caravana, emprendieron una caminata larga de 60 km por el camino incaico de los Andes, desde Ututo. Veinticinco familias, que en total pasaban de cien personas con todos sus hijos, entraron a Cajatambo por toda la calle central ofreciendo un espectáculo impresionante hasta llegar a la casa de don Teófilo Reyes Quinteros para ofrecerle sus servicios. El referido señor Reyes, llevado por la gran sensibilidad humana que lo caracterizaba, aceptó darles posada a todos. De inmediato hizo instalar varias carpas en su corralón, que era un traspatio amplio de su residencia, que daba a la plaza de Armas. Para afrontar la alimentación de tantos huéspedes mandó preparar los alimentos en grandes pailas y al día siguiente don Teófilo, después de un diálogo con los ututinos, aceptó darles trabajo a todos, de acuerdo a sus aptitudes, en sus diferentes haciendas. La mayor parte se fue para la hacienda ganadera de Pumarinri, Shiri, Puajcancha, Cóndor y Pucapampa. Otros que eran afectos a la agricultura se fueron a las haciendas agrícolas de Mani, Huamanaca y Cunán. De esa manera varios apellidos que no eran conocidos se incorporaron  al ambiente de Cajatambo   y con el transcurso del tiempo fueron acomodándose en diferentes sitios según sus conveniencias pero ya no volvieron más a su lugar de origen.  
 
 
Elisa Ballardo Fuentes Rivera y Teófilo Reyes Quinteros


lunes, 22 de mayo de 2017

LUZMILA y ROBERTO




1944 EN 2013. Apenas abro la puerta lo reconozco: Roberto Vizurraga. Agudo, efusivo y, sobre todo, riguroso, con absoluta franqueza me responde cuando indago como empezó la historia que lo condujo a casarse con la prima de mi padre: "La verdad, ella era mucho lote para mí". Hija mayor de David Reyes Ballardo, ella, Luzmila, se crió con sus abuelos paternos como una hija más. Recién cuando,siendo niña aun, partió rumbo a Lima, su papá y su mamá, Teófilo y Elisa, le dijeron que no lo eran.
 
David (segundo de der. a izq.) con sus padres y hermanos

Los conocía por referencia y fotos, pero ahora tenerlos en mi sala me enternece. Al ver y escuchar a Roberto, tan vital y tan lúcido, pondero su entereza. "Yo soy un lechugón de 84 años", dice complacido, sin duda, de lo que ha vivido y no menos de lo que recuerda.
Ella, Luzmila Reyes Rodríguez, sonrie al escucharnos. Pero de pronto, cuando me oye decir que un día extraje de los archivos del Congreso las intervenciones de su bisabuelo, se conmueve y me abraza.
Enseguida, hablamos de Cajatambo, de sus fiesta principal: "Yo salí de dama en 1944, cuando tenía dieciseís años. Vine de Lima porque mi tío Jorge Ballardo, que era Capitan de la Tarde y a quién yo quería mucho, me lo pidió" "Y ¿cuántas damas eran entonces?" "Dos. La otra dama con quién salí fue Josefina Quinteros".
Luego que se van, vuelvo al archivo virtual para seguirlos viendo. Encuentro una foto que me deslumbra y compruebo porqué Roberto se siente perpetuamente feliz.

 



sábado, 13 de mayo de 2017

AMOR ETERNO





Si existe un amor incondicional, un amor sin limite, que duda cabe ese es el amor de una madre. Un amor sin tregua ni final. Eso lo sabemos todos, o casi todos.
Sin embargo, la primera paradoja de la vida es que los seres que más nos aman, muy a su pesar, son quienes mas hieren cuando parten. Cuando se van sin retorno. Pero ni aun así, el amor de una madre muere. Pues si hay un amor verdaderamente eterno, ese es el amor de nuestras madres.
Un amor que no tiene frontera, que no tiene hora para manifestarse, un amor que es una luz que ni el viento ni la lluvia apaga.
Un amor que ni el tiempo doblega, pues para una madre cualquiera sea la edad de su criatura siempre será su tierna criatura.
Por desgracia, el mismo tiempo que nos da vida y dicha, es el mismo tiempo que nos destruye y nos mata. Solo el amor nos libra de aquella fatalidad.

 
 

 

viernes, 12 de mayo de 2017

ARAYCO

Adolfo Vizurraga (1923-2002) y Adelina Barletti (1938-2017)


"A nombre de mi familia y de mi pueblo, Cajatambo, quiero rendir homenaje a una persona de la que tuve el privilegio de merecer las consideraciones mas afectuosas y de igual modo a la personalidad pública que, de manera inequívoca y por derecho propio, forma parte de la historia de su pueblo". Con estas palabras previas -apenas llegado de Huacho- el 11.5.2017 di lectura de este poema ante el cuerpo yaciente de quien fuera en 1985  la primera autoridad edil de la recién creada provincia de Oyón: Adelina Barletti de Vizurraga.

Hermosa sobre un hermoso caballo,
quienes la vieron, no olvidan que era habitual
verla cabalgar por las calles de la antigua
villa minera de Oyón.


Venía de Arayco.
Arayco ganadero. Arayco pétreo. Arayco solar.
Arayco, refugio insobornable de Adolfo y Adelina.
Inolvidable Arayco.

Dulce flor, risueña amazona, madre, esposa,
pañuelo al viento Adelina volvía.

El tiempo pasa, la vida termina,
los recuerdos quedan, las palabras consuelan,
pero nada de lo que te cuenten sobre caballos
podrá ser tan hermoso como ver a Adelina
volver de Arayco a Oyón.

lunes, 8 de mayo de 2017

LATERO y CHAMUCHO




 
La guitarra llegó de Europa. En barcos a vela vino de España. Se hizo criolla lo mismo que andina; ayacuchana, arequipeña, ancashina, pero no menos cajatambiina.
Ruta de tránsito entre pueblos litorales y rugosos confines serranos y aun amazónicos, Cajatambo devino en encrucijada de viajeros y voces. Pueblo de acordes intensos y vibrantes. Guitarras, mandolinas, bandurrias, violines y arpas convergen en pasajeras moradas que consagran la marcha de su canto fugaz.
Sin embargo, es recién a mediados del siglo pasado cuando las canciones que se entonan en las  serenatas al pie de los balcones y en las huaylashadas callejeras que toman otros rumbos. Cuando,  reproducidos y difundidos en discos de carbón, comienzan a comercializarse lejos del pueblo que evocan. Se trata -conforme lo especifica los apuntes inéditos de Uberdino Salazar Cabanillas que obra en mis archivos- de grabaciones realizadas en la casa discográfica MAG en Lima. Interpretaciones que perennizan los acordes y voces del "Conjunto Cajatambino" dirigido por Teófilo Gonzáles Jiménez y Emiliano Reyes Gamarra. Grupo pionero y fundacional,  integrado además por Aníbal Fuentes Rivera (guitarra), Víctor Gonzáles Castillo (guitarra), José del Carmen Gonzáles Pumajulca (guitarra) y Buenaventura Celada, con el violín.
Teófilo González Jiménez y Emiliano Reyes Gamarra, fueron músicos y también fueron hermanos. Entrañables gaugichas  jaraneros, unidos por la vida y por una pasión común: la música. O simplemente, Latero y Chamucho, virtuosos ejecutantes de la bandurria y la guitarra. Protagonistas y forjadores del sonoro andar del canto cajatambino.
Precisamente, uno de sus principales y primigenios cultores, Teófilo Gonzáles Jiménez, fallece en Lima el 6 de octubre de 1070. Con su desaparición culmina la trayectoria vital de un hombre que fue dos hombres a la vez: el luchador social que dió surgimiento en 1915 al primer sindicato de trabajadores de Huacho y a la vez el inspirado autor de memorables composiciones. Por su parte, Emiliano Reyes Gamarra, alternó su dedicación a la música con las labores de secretario de la municipalidad provincial de Cajatambo.

1890-1970

A finales del siglo XIX, cuando Cajatambo pertenecía al departamento de Ancash, nace Teófilo Gonzáles Jiménez el 6 de febrero de 1890. Emiliano a su vez, huérfano de madre a poco de nacer, es adoptado por la madre del Teófilo. De esta manera, hermanados por la vida y por la música, pronto el silencio de las noches de aquel Cajatambo de techos de roja teja y oscuro ichu, se quebraría con los melodiosos acordes de la bandurria de Latero y la guitarra de su hermano Chamucho
En 1921, en casa de una tía conoce Teófilo a una joven proveniente de Oyón, Inés Castillo Médico, de la que queda prendado apenas verla. Motivado por aquel sentimiento emprende nuevas  canciones y una nueva etapa en su vida: se casa con Inés y se establece en Cajatambo, después de retornar de un periplo que lo condujo a morar por temporadas en Huacho y en Lima.
En 1838, más que por voluntad propia, debido a una afección cardíaca se ve obligado a abandonar la tierra de sus amores. Al irse, parte con su familia y su hijo José del Carmen (fruto de su relación con Mauricia Pumajulca, hija de una familia comunera de Tambo).
Apenas llegado a Huacho, acaso para morigerar el ineludible desarraigo, forma el "Conjunto Cajatambino", integrado por Emilio Requejo (guitarra), Eladio Quinteros (guitarra), Hortencio Escobedo (arpa), en las cuerdas; Inés Castillo de Gonzáles, Cristanta Arredondo de Herbozo y Maura Altamirano, en las voces.
En 1950 Inés y Teófilo realizan su última y definitiva mudanza con destino a Lima.
Pero es en Huacho, futura capital regional, en donde por primera vez a través de las ondas de Radio Record que se propala la música de Cajatambo, vía el programa "La hora folclórica". Para la concreción de aquel hito mediático intervino, nada menos, uno de los artífices de la radiodifusión regional y nacional, que inicio su labor comunicacional en Huacho: Juan Ramírez Lazo. Asimismo fue él quien autorizó la emisión de un programa de música cajatambina y andina a cargo de quien fuera en sus tiempos mozos aguerrido líder anarquista en Huacho y  músico de Cajatambo durante toda su existencia: Teófilo Gonzáles Jiménez. El virtuoso Latero que más canciones dedicó a la tierra en que nació y amó.
 
Emiliano Reyes junto con su hermano David en una reunión del Centro Juventud  Cajatambo
(segunda fila, cuarto y quinto, de der. a izq.) 1965



PAJARILLO MENSAJERO

Soy pajarillo mensajero
que de lejos he venido
ha pegarme una jarana
con las bellas cajatambinas

Cajatambina la flor de mayo
que diferente te encuentro
se comprende que tus amantes
no te han tenido el cariño mío

Si con venir te he ofendido
paisanita adorada
busca otro quien te quiera
que yo buscaré la mía

Jukta kuyarpish
jukta huayllurpish
mana wambra gongashgaysu


 

 

miércoles, 3 de mayo de 2017

EL PELUQUERO DE LA CALLE BOLIVAR



 
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A mediados de la segunda década del siglo pasado, en una primorosa callecita empedrada del centro urbano de Huacho, abrió sus puertas una peluquería. Una sencilla peluquería de barrio. Una peluquería, con todo, que no escapa incluso a la atención del mismo alcalde de la ciudad. Una peluquería que perdura en la posteridad. Una peluquería, la única, en donde rodaban cabellos y brotaban ideas. Una peluquería, en fin, con un lugar en la ciudad y otro en la historia.
Una peluquería a la que Juan C. Bákula, a la sazón alcalde de Huacho -conforme lo consigna el libro "Luchas sociales en el Perú. Huacho 1916-1917" de Filomeno Zubieta- menciona en agosto de 1916 en carta dirigida al Director de Gobierno poniendo particular énfasis en que "un grupo anarquista se ha establecido en la ciudad y fundado un centro de agitación proletaria que lleva el nombre de `Sindicato de Oficios Varios` y tiene su local en la calle Bolívar, en el establecimiento de peluquería de uno de sus principales afiliados o delegados del Comité Central de Lima".


Por su parte, el autor del libro mencionado precisa: "Todo indica que la labor proselitista ácrata se vió impulsada con la llegada en 1914 de don Teófilo Gonzáles, peluquero ligado a los anarcosindicalistas de Lima". Asimismo, agrega que "en contacto con el sastre Florentino Malásquez  y el intelectual y educador popular don  Aurelio C. Guerrero despliegan acciones que culminaran con la fundación del `Sindicato de Oficios Varios` primera organización de corte anarcosindicalista de Huacho que agrupó a los artesanos: peluqueros, sastres, etc. Este sindicato fundado en 1915 tuvo como primer secretario a don Teófilo Gonzáles".
En la recensión final que sumariza su trayectoria pondera además que Gonzáles "participó activamente en la organización de los jornaleros de La Campiña. Impulsó la conmemoración clasista del Día del Proletariado, 1 de Mayo. Uno de los impulsores y orientadores de la huelga de los jornaleros de 1916, intervino en las negociaciones iniciales hasta su encarcelamiento. Fue constantemente hostilizado por la gendarmería y los grupos de poder, los parroquianos que deseaban ocupar sus servicios corrían igual suerte".
En  conclusión, a tenor de lo citado y documentado, se infiere y colige, que en absoluto resulta exagerado afirmar que el peluquero de la calle Bolívar, Teófilo González Jiménez (natural de Cajatambo) es el líder indiscutible del primer sindicato de la historia de Huacho y a la vez propulsor de la huelga de jornaleros que por primera vez en el Perú planteó el reconocimiento de la jornada de ocho horas de trabajo.
Empero, no menos innegable -a cien años de las épicas jornadas que promovió y lideró- es que, ni en Huacho ni en Cajatambo, se encuentre todavía una calle o plaza que lo recuerde. Sin embargo, que duda cabe, no menos inequívoco es, por eso mismo, el lugar preminente que merece en la historia de Huacho y de Cajatambo.