domingo, 12 de noviembre de 2017

HUACHO EN LA HISTORIA




Un 10.11.1820 (hace 197 años) irrumpió en la bahía de Huacho un convoy de naves como nunca jamás se había visto.
Cinco mil soldados del Ejército Unido Libertador (al mando del general San Martín) hacían su aparición.
Con su presencia y desembarco determinaron aquel día la jornada más trascendente de la historia de Huacho.
Todo lo demás (ser capital de una provincia extinta, y aún, más recientemente, ser reconocida como sede administrativa y capital de la Región Lima) es subsecuente y menos relevante.
De cara al Bicentenario, la sensatez y la certeza histórica no admite dudas ni tribulaciones: el 10 noviembre de 1820 convierte a Huacho en escenario histórico del nacimiento de la República. Y es lo que debemos recordar y celebrar.
Lo demás son cojudeces. Lo primero es lo primero.

LA HAMACA


Desde que leí "El General en su laberinto"-de tanto que se lo menciona- sentí interés por reposar alguna vez (al igual que el Libertador) sobre una hamaca.
Pero a decir verdad, con el paso del tiempo, olvidé aquel novelesco propósito, hasta que cierto día, al despedirnos, mi hermano me dice: "Llévate esta vaina, te va servir".
Cuando llegué a Huacho, de prisa y acucioso por abrir el paquete, al develar su misterio de inmediato recordé el libro del Gabo sobre Simón Bolivar.
¡Una hamaca! Una hamaca celeste a rayas (de fabricación brasilera) era lo que mi hermano Alfredo, en mi caso, y antes de salir de su casa -con no menos realismo mágico que el celebérrimo escritor colombiano- había procurado a mis trastos viajeros.
Confrontado el dilema (entre Ambar, Cajatambo y Huacho) decidí que entre los eucaliptos en Lascamayo (Ambar) cumpliría la hamaca de manera más apropiada su función cultural.
Llegado el momento (exactamente el 5.11.2017) con harto entusiasmo como con no poca torpeza, ubiqué los tallos y amarré ambos extremos. Y sin más confié mis 87 kilos a la miserable telita celeste. Para mi gran sorpresa no solo resistió sino que hasta comenzó a mecerme (igual que a un niño en su cuna), mientras miraba maravillado (sin estar parado) los cerros Rucupadre y Piriuya, que contemplé desde mi infancia.
Feliz como una perdiz (a mis 54) para qué negarlo, me puse a leer y hasta a dormitar, arrullado por el rumor aromoso de los eucaliptos.
La historia hubiese sido fenomenal de no haberse tornado, súbita y abruptamente, brutal. Pues, en una fracción de segundos, en un instante, volví a la realidad.
Literalmente me fui a la mierda. Caí de golpe, con todo mi peso, sobre la boñiga y las hojas secas (que amortiguaron mi caída).
Mi impericia y mi novelesco apuro había hecho que la amarra del pateador no resistiera y cediera.


viernes, 27 de octubre de 2017

HUGO ALVA OSORIO





Justo el día en que se inaugura la décima versión de Mistura 2017 muere el creador del mejor alfajor de la Región Lima.
Un producto innovador de pastelería que, valgan verdades, resulta mejor que una miloja y superior a un alfajor.
Hace medio siglo fue creado el que sería mas preciso llamar, por eso mismo, Milfor.
"Adictivo", lo llamó impresionado Wil Laime, un librero ayacuchano afincado en Huacho.
De igual modo, un empresario huachano, Felix Verde, orgulloso de ofrecerlo retiró un día la docena de unidades para servirla en una bandeja.



Luego que sus deslumbrados invitados se enteraban que provenía de Cajatambo, Felix mostraba las vistosas cajas plastificadas.
Creador y productor de tan magnifico producto, Hugo Alva Osorio (padre del alcalde de Cajatambo) ha muerto en Lima.
Frente a la imagen de María Magdalena en la capilla del Centro Juventud Cajatambo parte un hombre que hizo, literalmente, historia con sus manos.
En el cementerio Campo Fe de Huachipa descansaran sus restos, pero el sabor de su legado perdurará en la tierra que lo vió nacer.

LUCAS



Un día de 1987, con quince años a cuestas, Lucas Barrera Pacheco se enroló en las huestes de Sendero Luminoso que ingresaron al distrito de Ambar.
Su madre fue la única en saber que se iria. Al día siguiente, con el corazón oprimido de pesar y resignación, se dirigió al lomo de Quiluay para esperar el paso de la columna.
"Cuando estoy mirando -recordó un día doña Esperanza- aparecieron. Al verlos mis ojos se llenaron de lágrimas. Y al verme Lucas, mi hijo, se dió la vuelta y se quedó parado un rato. Después se dió otra vez la vuelta y siguió andando hasta que volteó la curva de Lascamayo. Nunca más lo volví a ver".
Para entonces, en las alturas del valle Supe-Ambar, ya se había producido la incursión armada que acabó con la vida de Osvaldo Chamorro y tres de sus hijos. Y de igual modo, con la existencia de Angel Cotrina (a quien arrancaron un hijo y obligaron a caminar hasta encima de Cashapata).
Pero otros, la mayoría -a diferencia del hijo de doña Esperanza- luego de pasar a ser en Ambar integrantes de las bases de apoyo y combatientes del Partido Comunista que lideró Abimael Guzmán, un cuarto de siglo después, continúan donde los captaron.
Dedicados a las labores propias de un valle agrícola y ganadero, paralela y adicionalmente han devenido en pacíficos campesinos, transportistas motorizados y hasta fervorosos evangélicos.

martes, 22 de agosto de 2017

ECOLOGÍA y TRADICIÓN

Literalmente, se trata de salvar vidas. Miles de pequeños pinos plantados en los cerros de Lascamayo (en la parte alta del valle Supe-Ambar).
Diseminados, a cada tres metros, entre el pasto seco y la maleza de las laderas -aunque todavía no sean visibles- existen. Existen y mueren de sed.
Por eso, aun a riesgo de resbalar (circunstancia de la que da cuenta -en mi caso- una herida en la rodilla) y hasta de rodar, estamos aquí, en la pendiente enmarañada de Pince.
Ulina, Saúl, Chami y yo, portando un par de galoneras, desde la mañana hasta la tarde, hemos vertido cinco litros de agua a cada hoyo donde reverdece un tierno plantón de pino radiata o pátula. Para participar de este casi secreto empeño viajé de Huacho a Lascamayo. Aunque antes debí recalar, en el día final de celebración en tributo a la Mamashona (Virgen de la Asunción) el 17.8.2017, en Ambar.
Puesto que toda festividad lo es también, al margen de los programas, por los reencuentros que procura, comparecer antes las hermanas Mayo Cifuentes, Rosa Lecaros y Gladys Gavedia, fue mas que un motivo de reunión un acto de jubilosa comunión en el curso de unas horas sonoras, al ritmo de dos bandas de viento.

De igual modo, con no menos sorpresa, volví a coincidir con Oyvind Wesseltoft y su grupo noruego en el primer día de recorrido de la ruta ecuestre Caral-Kotosh (que juntos comenzamos en 2008).
A pesar de las objeciones y recusaciones de Toña y Lucila,  siento que haber llegado a Ambar en brazos de mi madre me vuelve tan ambarino que si hubiese nacido allí. Y por eso mismo, me congratula por igual, haber contribuido a este vínculo turístico entre Ambar y Cajatambo.

Incluso al momento mismo en que proso este recuento, sentado en un extremo de la huerta que cultivó mi madre, entre plantas de alcachofas, se mecen las ramas de los eucaliptos mientras las aguas de riego discurren no menos alegres y bulliciosas. Bulliciosas y alegres, bajo un cielo despejado y un sol que reverbera.
Extraño a mi madre y recuerdo a mis abuelos; todos provenientes de Cajatambo (que nos legaron, ubicado entre dos ríos, este vistoso fundo en Ambar). Pese a todo, por encima de la nostalgia y del pesar, puede más la gratitud. La certeza de tener a mi madre aquí,  no menos  presente que el sombrero que usó y que beso con emoción cada mañana.
Justo cuando tenia previsto viajar a Huacho, las palabras de Ulina -al final de la jornada forestal- han diferido mi retorno: "César, mañana voy a marcar mi ganado, ven a mi casa".
Profea Laureano León, Ulina, nació en Uramaza (Cajatambo). Llegó a Ambar, junto a sus padres y hermanos, siendo niña. Se trató en definitiva -salvo ocasionales visitas anuales al pueblo del que partieron- de una mudanza sin retorno.  
"Ojala nunca nos maldigan: por nosotros dejaron su pueblo", escuché afligirse un día a mi madre. No era para menos: mi abuelo Augusto (padre de mi madre) los trajo para hacerse cargo de la estancia en Torrejirka.
Tan categórico resulta que la familia Laureano León llegó para quedarse, que doña Benita (madre de Ulina) y dos de sus hijas reposan en el cementerio de Ambar. Por si fuera poco, hasta don Basilio Laureano Atachagua (padre de Ulina y tío del director de la principal banda de viento de Cajatambo) tiene su propio nicho.
Apenas llego a Gantuyoj (el poblado que surgió  en 1997 alrededor de una escuela) celebro ver -como desmintiendo las angustias de mi madre- el patio escolar repleto de reses. Asimismo, habida cuenta que Ulina ha adoptado el credo evangélico, en lugar de licor, para asentar la comida, bebo una deliciosa chicha  de jora. Sabrosa jara asua que guarda un sabor remoto y entrañable.

 

domingo, 9 de julio de 2017

AMIGOS, SIEMPRE AMIGOS

 
 
 
"Mis amigos son mis hermanos"
Compay Segundo
 
César Adrián Orellana Palomino (1952-1996), ex director del desaparecido Banco Industrial del Perú y, luego, asesor principal de la comisión agraria de Congreso Constituyente de 1993, fue no solo mi tocayo sino el más recordado hermano que me regaló la vida.
"No sé que me ven, pero las gordas y las negras apenas me miran desesperan", repetía riendo,  jubiloso y a la vez resignado. Risueño e irreverente fue siempre un huancavelicano orgulloso de su andinidad raigal.
En cierta ocasión, durante su ausencia, debí tomar su lugar en una reunión en que el invitado era el ministro de agricultura ante el Congreso. Al día siguiente mientras revisaba los periódicos en que me miraba con incredulidad, recuerdo sus palabras a través del teléfono: "Oye pendejo, dicen que me estas serruchando el piso". Sorprendido, no dije nada, hasta que volví a escuchar su voz: "Mentira cholo, te felicito".
Cuando salieron publicados mis primeros artículos en los periódicos de circulación nacional, cierto día se acercó a mi escritorio, para decirme las palabras mas desconcertantes de las que guardo memoria: "¡Párate carajo, te voy a felicitar¡". Luego de un efusivo abrazo, terminó por decir, abrumado de emoción: "Alguna vez contaré como comenzaste".
No pudo: un día de mediados de 1996 partió rumbo a Tayacaja (donde su padre era el principal oferente de la fiesta patronal) diciendo: "Vuelvo el lunes". El jueves, apenas descender del avión, en un recodo de la carretera Huancayo-Huancavelica la camioneta que el mismo conducía rodó al abismo.
Siempre que lo recuerdo (máxime si escrito está) tengo la impresión que más que deplorar su ausencia me encargó no dilapidar su legado. Esa sencilla manera de arrebatarle a la mortífera vida su gracia más humana y vital. Pues la suya fue una existencia común hecha de circunstancias fuera de lo común que como nadie supo cultivar y atesorar.
 



jueves, 8 de junio de 2017

TU NOMBRE ESCRITO SOBRE LA NIEVE




Jamás lo olvidaré. Al llegar a la cima rocosa del cerro Huamancalle -que divide los distritos de Ambar y Gorgor-, detuve el caballo, (en realidad, se trataba de una hermosa yegua alazán que me había transportado hasta Cajatambo). Volvía a Lascamayo y fue allí, de regreso hacía Ambar, a casi cinco mil metros de altura, que la belleza de una flor silvestre rodeada por un manto blanco de nieve detuvo mi marcha y capturó mi atención. Deslumbrado por su esplendorosa presencia descabalgué para contemplarla.
Durante un eterno minuto, flor y viajero, nos miramos. Conmovido, antes de reanudar mi camino, escribí sobre la nieve: "María, te amo". Enseguida volví a la montura y me alejé para siempre. Pasó el tiempo, pero jamás olvidé el hallazgo remoto de aquella flor solitaria. Tan presente estuvo siempre que hasta cierto día, veinte años mas tarde, volví a escribir, sobre un papel no menos blanco que la nieve: "Tu nombre escrito en la nieve, arde todavía".