martes, 20 de agosto de 2013

CRÓNICA DE OYÓN



"El carro, la mula y la mujer, no sabes en que momento te va joder", dice Mario Gaitan, el pirotécnico de Oyón, propietario y conductor del taller de fuegos de artificio "Virgen de la Asunción".
Por lo demás, Mario sabe de lo que habla: ayer 19.8.2013 su familia sufrió un accidente repentino camino a los baños del pueblo vecino de Viroc. El auto conducido por el mayor de los hijos salió volando de la pista.
Ahora Mario se encuentra rumbo al hospital regional de Huacho.
Mario es oyonisto, pero su padre -me cuenta- también llamado Mario Gaitan fue de Cajatambo. Y como buen

cajatambino fue buen torero. Y por si fuera poco, durante la década de los sesenta del siglo pasado, llegó -nada menos- integrar las cuadrillas de matadores en Acho durante la feria taurina del Señor de los Milagros.
El domingo 18 por la tarde partí rumbo a Oyón. Me persuadía hacerlo retribuir la invitación de mi primo José Cuellar y de Freddy Mugruza, pero en particular, de sus esposas al despedirnos, luego del primer día de las corridas de toros en Cajatambo, el 30 de julio.
Para mayor fortuna, coincido en el viaje con la esposa de un amigo cajatambino. Y por eso es que al llegar, la esposa de Zenón Trucios me invita acompañarla al "Hotel Minero", el principal hotel de Oyón. Me presenta allí a su hermano Alex Vizurraga (ex gobernador) y a Edinson Cruz (dueño del hotel). Pero lo más grato de aquel encuentro es que Alex sostiene un arpa y Edison una guitarra, de manera que no puedo menos que aplaudir, bailar y cantar tal si me hallase en Cajatambo.
Llegada la noche Edinsón anuncia con picardia: "Ahora nos vamos al corneo de cinta para que aprecie Cesitar". La verdad que me abruma tanta consideración.
Al llegar a la plaza nada me impresiona más que ver decenas de parejas elegante y vistosamente ataviadas. En especial las mujeres. Lucen el atuendo de las bailadoras de mulizas jaujinas: sombrero, mantilla y holgadas faldas que se extienden hasta sus tobillos. Al verlas, una vez más compruebo que no hay nada mas bello que ver a una bella mujer bailando bellamente.
La primera persona que reconozco y saludo es Luzmila Samanamud, la voz más intensa y melodiosa de la historia de Oyón. Enseguida comparezco ante José y Freddy, quienes eufóricos celebran mi presencia.
Y para colmar la sorpresa, Lushmi aparece con Panchita Vizurraga.
Bailé, hablé y bebí hasta el amanecer. Incluso Ruben Cavello, al hacer su presentación, tuvo la gentileza de dedicarme algunas canciones.
El día 19 me pasé el día por las calles de Oyón junto con las pallas y los capitanas. Al caer la noche, luego de

espectar el segundo día del torneo de cintas, dormí plácidamente en el 235 del Jr. Huacho, que es la dirección del hotel de Freddy.
El 20, previo a partir de regreso a Huacho, igual que al principio me dirigí al "Hotel Minero". Edison me despidió con un delicioso y suculento desayuno: chupe verde, canchas, panes aromosos y queso fresco.
Pero lo más imprevisto fue ingresar al "Muqui", el mejor bar-discoteca no ya de Oyón sino hasta de Churín. Inaugurada con ocasión de las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Asunción, "La Achuquita", la discoteca que regenta Edinson Cruz Jr, por su diseño y confort, está destinada a ser un destino imprescindible para quienes visiten Oyón.
Y por si fuera poco, además de Edinson Jr (que es estudiante de turismo en Lima) los otros hijos de la familia Cruz, también están vinculados al rubro. Por eso insisto en mostrarles mi última crónica sobre la Cordillera Huayhuash. Las imágenes los deslumbran. Entonces les digo que es hora de unir esfuerzos para promover un circuito conjunto entre Oyón y Cajatambo. Me abrazan emocionados. Y es como si Oyón y Cajatambo en sus brazos, otra vez, se abrazaran.




Por la altura de su localización, que supera los tres mil ochocientos metros de altura, la población de Oyón más que a la agricultura o a la ganadería a estado vinculada por generaciones a la actividad minera. Y aun antes que la provincia ostentara con orgullo la denominación de "Capital carbonífera del Perú" Oyón, por la dedicación de su gente, ha sido siempre un pueblo minero. Tanto que, desde antiguo, era común escuchar decir que aquel era un pueblo chancafierro. O bien, también, un pueblo en donde si aparecía una acémila fletada  con oro, para hilaridad de los oyentes, se aseguraba que los oyonenses preferían el burro al oro. Cuando le hice el comentario a mi prima Iris (de madre cajatambina y padre oyonense) obtuve la mejor de las respuestas: "Ah claro, así es, pues allá sobra el oro".
Al contemplar la belleza y elegancia de las mujeres de Oyón es ineludible, por el vestuario que lucen, no recordar mi visita a Jauja en épocas de carnavales. Para corroborar mi impresión me cuentan que en otros tiempos, antes de migrar a Lima, la población de Oyón se trasladaba a los asientos mineros del centro del Perú. Y a su regreso no solo volvían con ahorros sino con  otras costumbres. Así la muliza jaujina pasó a ser también un baile de Oyón.



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