sábado, 29 de abril de 2017

MACHI



Cuando el tronar de los cañones aun retumbaban en Europa, antes del final de la Primera Guerra Mundial, vino al mundo Marcelina Rivera Porlles un 26 de abril de 1916.
Nació en Cajatambo, justo cuando Cajatambo -provincia primigenia que nació con la República- dejó
de pertenecer a Ancash para ser parte del departamento de Lima.
De manera que doña Machi, por singular designio,  es contemporánea del Cajatambo que forma parte de la Región Lima.
Po eso mismo, con más razón, este homenaje es también para Cajatambo.
En particular el libro que lleva su nombre.
Un libro escrito por su hijo y por otros hijos de madres cajatambinas.
Un libro que cuenta su vida y la historia del pueblo en donde refulgió el esplendor de esa vida.
Hija de Juan Fuentes Rivera, natural de Oyón, y Liboria Porlles, fue niña, adolescente,
madre y esposa en la tierra que la vió nacer.
Docente en sus inicios, pero ante todo mujer valiente y decente, se liberó de la rutina escolar
para seguir su propio camino.
Así Cajatambo vió a la esposa del profesor Encarnación Gonzáles regentar el restaurante
más concurrido de la ciudad y el hospedaje más acogedor.
De igual modo ofertar quesos y manjares, además de hortalizas y variados frutos
de la tierra de su tierra.
Finos ponchos confeccionados con lana de vicuña.
Esposa abnegada, madre amorosa, empresaria rural exitosa;
por amor a su familia, muy a su pesar, bajo el magnánimo imperio de velar por el porvenir de su prole, sin embargo, un 13 de febrero de 1964 debió abandonar el pueblo al que dio vida
con su gracia y su laborioso pundonor.
Sintió de seguro aquel día inexorable morir al partir, pero acaso también comprendió que así es
y tiene que ser la vida: una sucesión de vidas.
Una agonía. Una resignación. Y también una resurrección.
Partió con destino a Huacho, llevándose en su mente, en su corazón y en sus manos a Cajatambo.
Cajatambo inolvidable. Inolvidable Cajatambo.
Eterno amor de Machi,
y nuestro !



viernes, 28 de abril de 2017

EL ADIÓS







Al llegar la mañana un repentino retortijón la despertó a gritos. Era víspera del Día de la Mujer y era el cáncer en su face mas inexorable. "Ahora sí, prepárense", alcanzó a decirnos, resignada y serena. Enseguida pidió reposar en la cama de su mamá (entonces de 99 años). Tendida en posición fetal -como cuando era niñita- esperó la llegada de la ambulancia. En esa circunstancia, me arrodillé, besé su mano y le agradecí el privilegio de ser su hijo.
Durante el transcurso de la tarde, cuando ingresé a la sala de emergencia una técnica de enfermería lloraba mientras la cuidaba. Sus lágrimas me conmovieron. Cuando me dirigí al médico, me previno que el evento se produciría por la noche. Exactamente a las 9.45 del 7.3.2011 el corazón que mas intensamente había palpitado por mi desde que nací cesó de latir.
Siempre nos dijo que moriría por la misma causa que su padre. Al leer la partida de defunción de mi abuelo corroboré sus palabras: oncología gástrica.
Seis años después, la conmemoración de su partida me halla en Lascamayo (en el fundo que heredó de sus padres). Me acompañan su recuerdo y el último sombrero que usó (un warmi suku cajatambino de cinta negra). También los eucaliptos que sembró y el rumor del río que siempre oyó. En definitiva, hoy más que nunca, a pesar de la nostalgia (o acaso por eso mismo), bajo un sol radiante, descubro que la vida me alumbra y hasta me deslumbra.

martes, 25 de abril de 2017

EN EL NOMBRE DEL PADRE






Fundador de "La Cajatambina" (la marca mas representativa de derivado lácteo de la tierra que lo vió nacer). 
Hijo de Apolonia Camacho y José del Carmen Reyes.
Sobrino de Apolonio, Guido y Pedro Yanac (los legendarios montañistas que conquistaron el Huascarán y el Aconcagua).
Rolando Reyes Camacho, mi padre, está en su día kanan junag. 



Precisamente hoy 25 de abril. Letrado mes en que -como para rendir tributo a la tierra que nos enseño a amar- he tenido la grata emoción de revisar la versión preliminar del libro del cual soy coautor. Y que por si fuera poco, se trata de un libro dedicado a Cajatambo. Libro que será presentado mañana 26 en Huacho, en la sede del Centro Regional Cajatambo.
Quienes tienen el generoso hábito de frecuentar mis textos no ignoran que soy un hombre que escribe para describir. Un hombre cautivado por las aventuras de la memoria y las montañas de su tierra: aquel encanto llamado Cordillera Huayhuash. 
Izco y Pumarinri, la ruta por donde por generaciones -al igual que mi padre- anduvieron los Reyes de Cajatambo, y, que duda cabe, seguirán andando.



Nevado Puscanturpa. Cordillera Huayhuash. Cajatambo.

HUACHO y CAJATAMBO

Huacho


Remoto pueblo de agricultores y pescadores, hoy boyante capital regional, Huacho conserva aun las piedras de su fundación (Bandurria) pero ha olvidado el idioma de sus constructores.
Por otra parte, en las gloriosas y trágicas jornadas de lucha social (que perennizaron los nombres de Irene Salvador y Manuela Chaflojo) en el siglo XX su principal propulsor fue un peluquero, no huachano, de la calle Bolivar.
Incluso el restaurante mas representativo de Huacho, ubicado en la campiña, lleva el nombre de un fundo que se encuentra en Cajatambo.
Y es que el antiguo idioma que hablaron los constructores de Bandurria, es el quechua que perdura en la voz y memoria del pueblo cajatambino.
No menos significativo, aunque ninguna calle o plaza de Huacho lo recuerde, es saber que Teófilo Gonzales Jiménez, cajatambino residente en La Capital de la Hospitalidad, fue quien inspiró y orientó la rebelión de 1916-17

Finalmente, la celebración festiva mas vistosa y elegante que exhibe Huacho cada año durante las fiestas patrias se debe a la comunidad cajatambina, de manera tal que Huacho ha recuperado algo que alguna vez tuvo: una celebración que la una, la reúna y la represente.
Es ese el Huacho que el domingo 23.4.2017, en el marco de la reunión previa a la celebración de las fiestas patronales de la comunidad cajatambina, tuve la gratitud de compartir con Lizbet y Bianca Susanibar, dos mujeres hermosa y genuinamente huachanas, que degustaron sendos mates de Pari (compuesto por cinco tipos de carne) para luego, al acorde de guitarras y mandolinas, bailar jubilosas no pocas canciones entonadas en el mismo quechua que alguna vez se habló también en Huacho.


Cajatambo