jueves, 23 de junio de 2016

ASTOBAMBA



Envuelto entre cálidas frazadas, bajo un cielo estrellado, pienso en ti desde la casa en que nací.

Los perros ladran y la luna resplandece, pero mas -para mi tormento y regocijo- tu sonrisa en mi memoria.

Son apenas las ocho de la noche pero la colorida frazada artesanal que me cubre registra una fecha que supera mi sorpresa estelar: 1950.

En esta morada de hermosos balcones y vieja estirpe el tiempo parece no solo haberse detenido sino depuesto su rigor.

Fiel a mi modo de existir junto con el sleeping (para recorrer la cordillera Huayhuash) traje conmigo un libro de Saramago.

Sentado en una reluciente perezosa de pino rojo (que usó mi abuelo) y sobre un cojín de cueros de vicuña (hecho por mi madre) bajo un cielo espléndidamente luminoso mi regocijo en el fondo del balcón y con "Caín" entre manos no es menor que si en lugar de lector fuese el autor. 

El lector que vive su lectura en la vida.


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