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jueves, 6 de junio de 2019

UNAY INTI




El Tayta Inti asomando por la ventana.
Tiernos pajaritos cantando en el jardín
el canto intemporal de las aves.
Flores aromosas (sobre  todo rosas)
de intensos y arduos colores.
Una morada iluminada por el vasto
sol de junio en una calle de Atlantic City.

Dentro de la morada, en una habitación
de albura inmaculada, los acordes 
de un arpa lejana y hasta el canto
de un gallo remoto estremecen 
el despertar de María Elena Vizurraga.

Sin embargo, tan pronto se impone 
el silencio cotidiano que da termino
a aquella íntima ceremonia de amor
por la tierra que la vio nacer, entre
flores silvestres y cantos de aves,
unas escuetas palabras, literalmente,
la lanzan desde su lecho  ante
los ojos del mundo.

Perpleja y consternada, presa de júbilo   
y estupor, lee las palabras que porta
el mensaje de la firma de perfumes
y moda mas legendario que aroma
y viste al mundo.

Nerviosa y presurosa, apenas despierta
su hijo (su fan más deslumbrado), 
coge su camioneta rumbo al salón
donde la espera la sesión de alta costura
organizado por la marca Chanel.

Medía docena de vestidos (cuyos costos
serian suficientes para comprar
un vehículo o una casa decorosa), 
transitan por su alado cuerpo mientras
las luces y los flashes iluminan el andar
radiante y glamoroso de la muchacha 
que un día, igual que las flores silvestres 
y el canto de los pájaros, 
vio la luz insobornable de la vida
bajo el sol inolvidable 
de Arayco.  


jueves, 25 de mayo de 2017

VEINTICINCO FAMILIAS


 
 
En años en que la población andina del Perú constituía el 65 por ciento de un país secularmente rural y quechuahablante, ocurrió en Cajatambo un episodio del que tuve referencia  por parte de mi memoriosa abuelita Digna. Un episodio de desarraigo, de desamparo y también de esperanza. Incluso para corroborar su versión sostuvo que su misma cuñada, esposa de su hermano mayor, era protagonista de aquella historia: "Ella es de Ututo". 
Por coincidencia, en la página cien del libro "Costumbres, cuentos y tradiciones de Cajatambo" de los esposos Matilde Reyes y Celso Ballardo comparezco ante la misma historia. Una historia que aun cuando es historia no merece ser ignorada ni olvidada, pues en definitiva no se trata de otra cosa que de una historia de amor. De amor a un pueblo.    
 
 
Allá por los años de 1930, la hacienda Ututo propiedad de don Francisco Minaya, ubicado dentro de la jurisdicción de la provincia de Oyón, cambió de propietario, el nuevo dueño hizo un despido masivo a la totalidad de su personal.
Esa gente al verse sin trabajo, en un comienzo, pensaron en emigrar a la costa, para acomodarse en alguna hacienda del valle de Huaura, pero por temor al paludismo desistieron de hacer esa aventura, después pensaron en salir hacia Cerro de Pasco a trabajar en los asientos mineros pero al encontrar algunos inconvenientes se desanimaron. Al final se resolvieron y optaron por trasladarse en masa a Cajatambo, tuvieron fe ciega de que ese lugar podría ser la tierra prometida donde les iba ir bien; y no se equivocaron, porque tenían buenas referencias de que en esa ciudad había una familia acaudalada de apellido Reyes, dueña de varias haciendas que podría recibirlos como personal en cualquiera de ellas. Con esa seguridad, en caravana, emprendieron una caminata larga de 60 km por el camino incaico de los Andes, desde Ututo. Veinticinco familias, que en total pasaban de cien personas con todos sus hijos, entraron a Cajatambo por toda la calle central ofreciendo un espectáculo impresionante hasta llegar a la casa de don Teófilo Reyes Quinteros para ofrecerle sus servicios. El referido señor Reyes, llevado por la gran sensibilidad humana que lo caracterizaba, aceptó darles posada a todos. De inmediato hizo instalar varias carpas en su corralón, que era un traspatio amplio de su residencia, que daba a la plaza de Armas. Para afrontar la alimentación de tantos huéspedes mandó preparar los alimentos en grandes pailas y al día siguiente don Teófilo, después de un diálogo con los ututinos, aceptó darles trabajo a todos, de acuerdo a sus aptitudes, en sus diferentes haciendas. La mayor parte se fue para la hacienda ganadera de Pumarinri, Shiri, Puajcancha, Cóndor y Pucapampa. Otros que eran afectos a la agricultura se fueron a las haciendas agrícolas de Mani, Huamanaca y Cunán. De esa manera varios apellidos que no eran conocidos se incorporaron  al ambiente de Cajatambo   y con el transcurso del tiempo fueron acomodándose en diferentes sitios según sus conveniencias pero ya no volvieron más a su lugar de origen.  
 
 
Elisa Ballardo Fuentes Rivera y Teófilo Reyes Quinteros


lunes, 22 de mayo de 2017

LUZMILA y ROBERTO




1944 EN 2013. Apenas abro la puerta lo reconozco: Roberto Vizurraga. Agudo, efusivo y, sobre todo, riguroso, con absoluta franqueza me responde cuando indago como empezó la historia que lo condujo a casarse con la prima de mi padre: "La verdad, ella era mucho lote para mí". Hija mayor de David Reyes Ballardo, ella, Luzmila, se crió con sus abuelos paternos como una hija más. Recién cuando,siendo niña aun, partió rumbo a Lima, su papá y su mamá, Teófilo y Elisa, le dijeron que no lo eran.
David (segundo de der. a izq.) con sus padres y hermanos

Los conocía por referencia y fotos, pero ahora tenerlos en mi sala me enternece. Al ver y escuchar a Roberto, tan vital y tan lúcido, pondero su entereza. "Yo soy un lechugón de 84 años", dice complacido, sin duda, de lo que ha vivido y no menos de lo que recuerda.
Ella, Luzmila Reyes Rodríguez, sonríe al escucharnos. Pero de pronto, cuando me oye decir que un día extraje de los archivos del Congreso las intervenciones de su bisabuelo, se conmueve y me abraza.
Enseguida, hablamos de Cajatambo, de su celebración principal: "Yo salí de dama en 1944, cuando tenía dieciséis años. Vine de Lima porque mi tío Jorge Ballardo, que era Capitán de la Tarde y a quién yo quería mucho, me lo pidió" "Y ¿cuántas damas eran entonces?" "Dos. La otra dama con quién salí fue Josefina Quinteros".
Luego de verlos partir, con no menos gratitud que al recibirlos, vuelvo al archivo virtual para seguirlos viendo. Entre todas, encuentro una foto de Luzmila sonriendo que me deslumbra y me demuestra por qué Roberto es un hombre perpetuamente feliz.




viernes, 12 de mayo de 2017

ARAYCO



"A nombre de mi familia y de mi pueblo, Cajatambo, quiero rendir homenaje a una persona de la que tuve el privilegio de merecer las consideraciones mas afectuosas y de igual modo a la personalidad pública que, de manera inequívoca y por derecho propio, forma parte de la historia de su pueblo". Con estas palabras previas -apenas llegado de Huacho- el 11.5.2017 di lectura de este poema ante el cuerpo yaciente de quien fuera en 1985  la primera autoridad edil de la recién creada provincia de Oyón: Adelina Barletti de Vizurraga.

Hermosa sobre un hermoso caballo,
quienes la vieron, no olvidan que era habitual
verla cabalgar por las calles de la antigua
villa minera de Oyón.


Venía de Arayco.
Arayco ganadero. Arayco pétreo. Arayco solar.
Arayco, refugio insobornable de Adelina y Adolfo.
Inolvidable Arayco.

Dulce flor, risueña amazona, madre, esposa,
cabello al viento Adelina volvía.

El tiempo pasa, la vida termina,
los recuerdos quedan, las palabras consuelan,
pero nada de lo que te cuenten sobre caballos
podrá ser tan hermoso como ver a Adelina
volver de Arayco a Oyón.




lunes, 7 de octubre de 2013

POESÍA EN ESCENA

Desde que los remotos y anónimos hominidos que nos precedieron inventaron los idiomas que nos unen -y al mismo tiempo nos separan- en definitiva, ningún idioma alcanza mayor  investidura ni permanencia que cuando habla a través de su poesía.
Las cosas que se usan pasan: se gastan y se olvidan. La vida misma. Solo la poesía, frágil y misteriosa, perdura prodigiosa. Por eso acaso no existe escuela, colegio o universidad que gradúe -felizmente- poetas. Con todo, no existe vida exenta de poesía. Fotografía comprimida en signos, poesía, forma dicha de la vida, que sería de la memoria y de las palabras si todo fuera ciencia y técnica, fatiga y lucro.
Idioma de la vida, poesía, te posee aun quien te ignora. Te llama aun quien no te nombra. Te celebra aun quien ni siquiera te recuerda. Pues simplemente, mientras hayan sueños que soñar, habrá siempre poesía.
Por esa razón -aun cuando no me fue posible asistir para conformar el jurado- fue grato, en mi caso, dirigirme (viernes 4.10.2013) a la universidad local para encontrar un auditorio repleto y ávido que concurría únicamente a escuchar poesía. Se trataba del cotejo definitorio del IX Concurso Regional de Declamación Escolar 2013 “ Luis Quispe Cama” , organizado por la Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima Provincias, la Dirección Regional de Educación (DRELP) y la Fundación Barba Mitrani.
Niñas, niños y adolescentes aquel día mas que decir textos lo trasmutaron. Convertidos en menudos y apasionados rapsodas de sus querencias provinciales engrandecieron con la elocuencia de sus voces y gestos las palabras a las que prestaron vida y emoción. Y aunque -como no podía ser de otro modo- hubieron ganadores, el verdadero triunfo fue el de la poesía. Un lujo, de lejos, que nadie podía imaginar que, además de brujos y embrujos, también Huacho ostenta y guarda.


martes, 9 de noviembre de 2010

TANTAS VECES CHURIN


En el verano de 1825, William Tudor, primer representante de los EEUU ante el naciente estado peruano, desembarcó en la bahía de Huacho con el propósito de, a partir de allí, emprender una ardua travesía que lo conduciría a través de valles, quebradas y gélidas cordilleras al asiento minero más vasto y legendario de la historia peruana: las minas de Cerro de Pasco. Con ese fin, portando la acreditación firmada por el ministro de gobierno y con el apoyo del gobernador de la villa, mister Tudor tomó en Huacho en alquiler once mulas; y asimismo, para hacerse cargo de la recua mular, contrató los servicios de cuatro arrieros. Antes de partir, se dio tiempo incluso para hacer algo que en estos tiempos resulta un ritual imprescindible: visitar la campiña huachana.
Ciento ochenticinco años después, el 5 de noviembre de 2010, con ocasión de conmemorarse el aniversario 25 de la creación de la provincia de Oyón, también desde Huacho, he ocupado el lugar que me corresponde en la minivan (que sustituye a las mulas) para emprender el mismo recorrido que siguió el diplomático estadunidense en 1825. Lo he hecho de la forma actual, rutinaria y anodina, con que a diario decenas de personas en menos de tres horas se trasladan por una ruta que a mister Tudor le ocupó días trajinar.
No obstante, en ningún momento de aquel sinuoso y ascendente desplazamiento, he
dejado de tener presente las palabras del viajero norteamericano. Todo lo contrario: el verdadero viaje consiste para mí no tanto en llegar a Churin sino en evocar aquella memorable y poco conocida travesía. Más claro: mirar lo que vio. Y todavía más: recrear su visión. En consecuencia, se trata de mirar a través de sus palabras la apacible extensión del valle para internarse enseguida entre los agrestes recodos que separa la ciudad litoral en que desembarcó de aquella, entonces, remota aldea  que se eleva por sobre los dos kilómetros, rodeada de  macizos montañosos. Se trata, sin duda, de los mismos cerros que entrevió mister Tudor. Por eso, cuando menos, resulta ineludible no sorprenderse por la manera en que era posible desplazarse hacía el verano de 1825. Temporada, la del verano litoral, en que Churin, hoy del mismo modo que ayer, se cubre de nube y lluvia. Culpable lo pienso, mientras sonoro y confortable, el rodado se abre paso veloz entre la tierra y la roca.
Pues se trata de los mismos ondulantes y agrestes confines, por los que súbditos y regentes del gobierno incaico hicieron camino arreando piaras de acrobáticas llamas, que luego cedieron paso a tropeles ecuestres de españoles. Pero el episodio más preciso y memorable provenga acaso de los días de la independencia, cuando luego del triunfo de la batalla de Cerro de Pasco (6/12/1820: aquella en que el oficial monárquico Andrés de Santa Cruz, oriundo de Bolivia, cae prisionero para, converso a la causa patriota, quedar consagrado como artífice de la unidad entre Bolivia y Perú).

Español por nacimiento, patriota por convicción, el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, comanda la tropa que derrota y hace huir al brigadier, de origen francés, O´Rely, que en su desesperada fuga, apenas unos días después, hambriento y acosado, ser capturado por los indios insurgentes del pueblo de Oyón que lo conducen al cuartel general de Huaura, comandado por el mismo general San Martín.
Todo eso, y mucho más, sucedió aquí; pero el acontecimiento mayor que convoca mi atención proviene de unas cuantas paginas manuscritas en ingles, que relata aquel viaje que, junto con otro amigo, emprendió mister Tudor en 1825. El mismo que legó impreso, de su puño y letra, al sacerdote anglicano H. Salvin, quien luego la publicó inserto a su propio diario. Entonces, en virtud al reposo postrero de sus palabras, este viaje es más que un traslado motorizado para ser historia y memoria. Pues, con no menos certeza ni rigor que la carretera que nos lleva desde Huacho hasta Oyón, existe aquella otra, edificada por signos, que me lleva directo hacía los días iníciales de 1825.
Para Panchita será siempre el edén perdido de su infancia insobornable. Para Manuel el refugio inolvidable de su rauda juventud. Para Pauish el reino encantado de su resignada vejez. Para todos Churín es –igual que Ítaca- algo más de lo que es: un pueblito de aguas mágicas poblado de historias y hospedajes.
No lo fue menos cuando Mr. William Tudor, luego de vencer estrechos y escabrosos senderos, el martes 8 de febrero, al retornar de Cerro de Pasco, escribió deslumbrado -a pesar de la discreta apariencia que lo rodeaba- estas explícitas palabras: “Llegamos a la Chimba a las tres de la tarde y me dirigí de inmediato a tomar un baño. He mencionado anteriormente que en la aldea gemela de Churín (o, de acuerdo al lenguaje indio, el hijo de la Chimba, que es el significado de Churín), hay un notable manantial que emerge de la montaña caliza, el cual ha formado grandes depósitos acumulados de cal y estalactitas. El agua forma una corriente capaz de mover dos molinos. El baño ubicado allí por el señor Miralles está debajo de una pequeña cabaña con murallas de piedra y techo de paja; consta de una gran taza de diez pies cuadrados y cinco de profundidad, excavada en la roca. El agua tiene la exacta temperatura de la sangre y es tan pura y transparente que, parándose dentro, uno puede ver los poros de la piel tan fácilmente como en su mano. El agua se renueva constantemente. Empleamos una hora en este baño que supera en lo agradable a cualquier otro que haya jamás gozado. Cualquiera viajaría alegremente a caballo un día para bañarse allí pero está aislado de Lima por los desiertos de Chancay y la desolada quebrada de Sayán”.

Un siglo después, con la invención de los vehículos a motor y la construcción de carreteras, la entusiasta y categorica previsión de mister Tudor se ha hecho realidad hasta la exageración: la remota y desolada aldea se ha transformado en una pequeña ciudad erizada de construcciones que abarcan la orilla del rio hasta la pendiente de los cerros. Atraídos por los efectos curativos de sus aguas y la quietud complice de su cada vez más breve lejanía, la pequeña aldea indígena ha devenido, de extremo a extremo, en un solo gran hospedaje, colmado de forasteros, gozosos y banales; no menos artificiales que las luces que los alumbran. Por eso, apenas al llegar me invade una mezcla de simpatía y al mismo tiempo de piedad; pues aunque sobren las construcciones, hace falta algo más que moles para conquistar el presente.
Camionetas de reciente manufactura, relucientes de barro fresco, cruzan con igual frecuencia que motos transpotadoras de tres ruedas; ocurre que del mismo modo que aguas candentes las entrañas de los cerros de Oyón guardan ingentes vetas minerales (que cada vez cotizan más en el mercado internacional). “Perú de metal y melancolía”, escribió Federico García Lorca. Parado en una esquina en Churín basta un instante para corroborarlo.