jueves, 26 de diciembre de 2013

LA VOZ DE ORO DE CAJATAMBO

David Reyes Ballardo (segundo de der. a izq,) juntos a sus padres y hermanos
 
Hombre del litoral y de las cordilleras, David Reyes Ballardo nació en Cajatambo el 17.3.1900, pero en su vasta y longeva existencia (falleció en 1997), fue por igual propietario de lanchas pesqueras y prosperas haciendas ganaderas en Ambar, Caujul y Cajatambo.
Es así que, aun cuando en su mayoría lo ignoren, generaciones de habitantes del valle de Ambar se han alimentado con las truchas que sembró en las lagunas de Jurorcocha a mediados del siglo pasado. De igual modo, las celebraciones en Caujul con la incorporación de la danza de "Los Negritos" deben mucho a su iniciativa. 
Pero acaso una de su más discretas, notables y perdurables contribuciones se deba a la amistad con el músico y compositor Pelayo Vallejo, quien, para el público y la posteridad, interpretó y grabó no pocas de las canciones que poblaron su memoria y su corazón.
Sin embargo, la memoria de su legado perdura en el encanto de su canto. Con todo, salvo ocasionales grabaciones espontáneas, su voz permanece solo en el recuerdo de quienes lo escucharon. 
 
David -junto al arpa- con el Conjunto Albor Andino de Caujul dirigido por Gelacio Rivas.

Dotado de singulares atributos para el canto, en su temprana juventud aspiró a educar su voz, no obstante, la demanda de los deberes inmediatos para atender las propiedades familiares lo absorbieron; con tal éxito, que sus incursiones empresariales se hicieron no menos notorias que su fama de eximio cantor. Tanto que -aun sin haber dejado ninguna grabación- se trata de la indiscutible "Voz de Oro" de la historia de la música de Cajatambo. Tanto que, testigos del privilegio de haberlo visto y oído, aseguran que jamás el huayno melodioso y vibrante de Cajatambo se escuchó mejor.
Una voz a la que por lo demás debe no solo fama y gratitud postrera, sino también la vasta paternidad de una prolongada, y sin duda, inspirada y jubilosamente transpirada existencia.
Y si es verdad que no hay -como suelen decir en Cajatambo- familia más tushupacha que la mía, con absoluta emoción y convicción comparto una grabación que corrobora aquel meritorio parecer.

Una de las canciones que con más emoción recuerdan quienes oyeron a David Reyes es esta que, con el marco del Conjunto Musical de Churín, grabara su hijo Livio:









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