Mostrando entradas con la etiqueta folclor peruano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta folclor peruano. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de diciembre de 2013

LA VOZ DE ORO DE CAJATAMBO

Capitán de la Tarde. David Reyes Ballardo acompañado de sus damas de honor (sus hermanas)

Hombre del litoral y de las cordilleras, David Reyes Ballardo nació en Cajatambo el 17.3.1900, pero en su vasta y longeva existencia (falleció en 1993), fue por igual propietario de lanchas pesqueras y prosperas haciendas ganaderas en Ambar, Caujul y Cajatambo.
Es así que, aun cuando en su mayoría lo ignoren, generaciones de habitantes del valle de Ambar se han alimentado con las truchas que sembró en las lagunas de Jurorcocha a mediados del siglo pasado. De igual modo, las celebraciones en Caujul con la incorporación de la danza de "Los Negritos" deben mucho a su iniciativa. 
Pero acaso una de su más discretas, notables y perdurables contribuciones se deba a la amistad con el músico y compositor Pelayo Vallejo, quien, para el público y la posteridad, interpretó y grabó no pocas de las canciones que poblaron su memoria y su corazón.
Sin embargo, la memoria de su legado perdura en el encanto de su canto. Con todo, salvo ocasionales grabaciones espontáneas, su voz permanece solo en el recuerdo de quienes lo escucharon. 

David -junto al arpa- con el Conjunto Albor Andino de Caujul dirigido por Gelacio Rivas.

Dotado de singulares atributos para el canto, en su temprana juventud aspiró a educar su voz, no obstante, la demanda de los deberes inmediatos para atender las propiedades familiares lo absorbieron; con tal éxito, que sus incursiones empresariales se hicieron no menos notorias que su fama de eximio cantor. Tanto que -aun sin haber dejado ninguna grabación- se trata de la indiscutible "Voz de Oro" de la historia de la música de Cajatambo. Tanto que, testigos del privilegio de haberlo visto y oído, aseguran que jamás el huayno melodioso y vibrante de Cajatambo se escuchó mejor.
David, en sus años de juventud
Una voz a la que por lo demás debe no solo fama y gratitud postrera, sino también la vasta paternidad de una prolongada, y sin duda, inspirada y jubilosamente transpirada existencia.
Y si es verdad que no hay -como suelen decir en Cajatambo- familia más tushupacha que la mía, con absoluta emoción y convicción comparto una grabación que corrobora aquel meritorio parecer.
Con polainas y carabina (sentado)


Una de las canciones que con más emoción recuerdan quienes oyeron a David Reyes es esta que, con el marco del Conjunto Musical de Churín, grabara su hijo Livio:









lunes, 25 de noviembre de 2013

ANDEAN LOVER




Aunque no canta el hombre vive del canto. Y aunque tampoco encanta, si hay quienes celebran su dedicación al canto andino; y tanto, que hasta un ex dictador (en su gloria pasajera) lo llamó para formar parte de su legión estabularia (leáse parlamentaria). Apenas duró un año su investidura (pues el dictador cayó) y el hombre volvió al negocio del canto serrano.
Dueño de una cadena de restaurantes, su notoriedad sin embargo la debe a su presencia televisiva. Ni brillante ni ameno sino simplemente impertérrito y risueño, siempre acompañado - para compensar- por bellezas atractivas de la farándula folclorica. Se trata, sin duda, del huynero más conocido y afortunado del Perú.
Tanto que hasta quienes no lo conocen ni aprecian su labor no ignoran de su existencia: "Tengo una amiga -dice la gorda Mabel- que se ha metido con un viejo huaynero que la mantiene. Le paga el departamento y cada semana le entrega doscientos cincuenta soles. En total gasta tres mil soles mensuales en ella. El viejo está al borde de la impotencia y mi amiga dice que hace lo que puede".

lunes, 20 de junio de 2011

YVAN SALAZAR Y SU GRUPO HORIZONTE ANDINO


La primera vez que escuché la música de Cajatambo no fue, lo recuerdo bien, en las fiestas patronales o durante los carnavales, sino un día cualquiera en un bar de mala muerte del centro de Lima. Una guitarra alquilada al paso y la voz de una muchacha hicieron el milagro. De igual forma, tampoco he olvidado el día en que di mis primeros pasos en una reunión espontánea en Balconcillo. Y es que, aunque nacido en Cajatambo, al haber pasado el resto de mi vida en Huacho, mi nulidad para el huayno, y el baile en general, era absoluta. Sin embargo, desde aquella noche en que baile con mis primas Nina y María en casa del tío Jesús, no existe para mí placer más placentero ni júbilo más intenso. Mucho menos desde cuando descubrí que bailar, como lo sospechaba, era, ni más ni menos, “una forma de hacer el amor con música”.


Desde entonces, no pocas veces me he preguntado de donde surgió en mí aquella fascinación por algo que no vi ni viví. La verdad que no tengo una respuesta, salvo una certeza -que suscribo sin dudas ni murmuraciones- expuesta por Julino Arredondo: “La huaylashada es la mejor fiesta de Cajatambo; pues, la fiesta patronal, aunque se llene de gente, no es diferente a una moya que se abre para que el ganado entre”.


Sea como fuere, al margen de este sumario de evocaciones y aproximaciones, en realidad este artículo no tiene otro propósito que rendir homenaje a una de las manifestaciones más perdurables y originales de la tierra donde nací. Y en particular, destacar el aporte legado por Yván Salazar y su grupo “Horizonte andino”. Un aporte que, es menester puntualizar, antes que un logro artístico constituye una contribución ética evidente: Iván, sencillamente, contra viento y marea, ha entregado su vida a la música de Cajatambo.


Conocí a Yván cuando ambos éramos estudiantes en San Marcos. Aunque, en realidad, se trató más bien de un reencuentro aquel encuentro. Lo supe desde el día en que me preguntó si había sido alumno en la desparecida escuelita de Gayán que -luego lo sabría- fue erigida sobre un antiguo cementerio. De manera que nunca olvide dos cosas: los huesos que extraimos en los recreos y los furibundos latigazos de nuestro gordo profesor Matibotón. Solo eso. Yván en cambio, pese a la brevedad de mi paso, recordaba mi presencia. A partir de esa fraternal evocación, nuestra amistad se acrecentó, y mucho más, por el respeto común hacia nuestros respectivos destinos creativos. Razón por lo cual, toda vez que coincidimos, jamás omití alentarlo seguir el destino que estaba en su alma y en sus manos, antes que en las aulas de San Marcos. Por cierto, la respuesta no se hizo esperar, y surgió con un nombre que forma parte ya de la historia cultural de Cajatambo: “Horizonte Andino”.


Pues más que la aparición de un nuevo grupo, la irrupción de “Horizonte andino” marcó el inicio de una etapa renovadora y dinámica de institucionalización y rigor creativo del huayno cajatambino. Institucionalización que se manifiesta en el legado y vigencia de “Horizonte andino”, y a la vez, por la insurgencia de otros grupos sucedáneos. Rigor creativo que se evidencia en la aparición, y difusión, de nuevas composiciones que desbordan los límites, y posibilidades, del bagaje precedente. Así surge, entre otras, “Amor mío”, acaso la canción más lograda del folclor cajatambino.


Pero si Yván entregó su vida a la música de Cajatambo es innegable que su dedicación ha merecido justa y merecida compensación; antes que al músico enamorado de su tierra, al hombre. Pues su recompensa se llama simple y maravillosamente Dunia. Dunia, la bella profesora que le ha dado gozosa paternidad, y a la vez, el estímulo imprescindible para consagrarse a su destino creativo. “Sentirás que nuestros corazones,/a la orilla de un beso,/desbordan un río de pasiones”. He allí la más elaborada metáfora del huayno cajatambino, y también de otros confines.


Todos, o casi todos, nos enamoramos. Todos, o casi todos, nos casamos. Sin embargo, pocos, muy pocos, alcanzan la verdadera experiencia de querer siendo queridos. Iván lo sabe y lo celebra. Por eso el recuento de su trayectoria, plasmado en la compilación audiovisual que ha titulado con puntual franqueza: “Amor eterno”, está dedicado a Dunia. A Dunia, su musa y esposa.


Compuesta por imágenes extraídas del álbum familiar y filmaciones de la celebración de los carnavales en las calles de Cajatambo; “Amor eterno” es mucho más que un video clip de huaynos. Se trata, al mismo tiempo que de una antología musical, de un documental en donde, entre otras imágenes, se aprecia la belleza majestuosa de la cordillera Huayhuash, interpolada con secuencias memorables del baile cajatambino. Pero ninguna más memorable que el eximio zapateo de Alberto Calero bailando hasta la eternidad. Zapateo elegante y vibrante, y gracias a Iván Salazar y su grupo, siempre presente.